Historia antigua

Guadalcanal: El desembarco

Preparativos del desembarco

Desde el 26 de julio se llevaron a cabo en la isla Koro, Fiji, ejercicios preliminares que duraron cuatro días. El Día D se pospuso primero al 4 de agosto y luego al 7. Se practicaron bombardeos aéreos, bombardeos de artillería naval, desembarcos en playa, apoyo aéreo, ataques de barco a costa y de aire a tierra; todo ello en un ambiente bastante caótico.

El asalto a Guadalcanal

El 7 de agosto, al alba, los observadores australianos avistaron la costa de Guadalcanal cubierta por la mayor fuerza anfibia reunida hasta la fecha. En lanchas de 36 hombres, miles de marines se acercaron a la playa en oleadas sucesivas. Para sorpresa de todos, la resistencia japonesa era nula; los aliados lograron la completa sorpresa. De haber encontrado oposición terrestre, naval o aérea, la operación habría sido desastrosa.

Al caer la noche, los soldados ya estaban en tierra, con suministros amontonados de forma desordenada en la playa. Las secciones de transporte se adentraron a ciegas en la selva, y los hombres, exhaustos por el calor tropical, deambulaban desorientados. Así comenzó, en una extraña calma, la dura lucha por Guadalcanal que se prolongaría durante seis meses.

Batallas en las islas cercanas

En Tulagi, el coronel Merrit Edson, del 1.º Batallón de Comandos de Infantería de Marina, instruyó a sus hombres a aligerarse de todo excepto del equipo de combate. “No se preocupen por la comida; los japoneses también tienen que comer. Sólo debemos arrebatarles sus provisiones”. El desembarco se realizó antes del mediodía, pero la feroz resistencia japonesa impidió la conquista total de la isla antes del atardecer. Durante la noche los japoneses contraatacaron con morteros, lanzagranadas y ametralladoras; los comandos repeleron cuatro ataques, pero los sobrevivientes japoneses no fueron eliminados hasta el 8 de agosto.

En la pequeña isla de Gavutu, los bombardeos previos de aviones y barcos resultaron ineficaces contra los refugios subterráneos y cuevas donde los japoneses se atrincheraron. Al desembarcar, los comandos fueron recibidos por una avalancha de fuego. Los cañones pesados de la flota intentaron apoyar, pero la profundidad del agua alrededor de la isla impedía una puntería precisa, lo que provocó graves bajas entre los marines antes de asegurar la cabeza de playa.

En la vecina isla de Tanambogo, la situación fue peor: las embarcaciones de asalto fueron destruidas antes de llegar a la costa. Refuerzos llegaron la mañana del 8 de agosto y, tras intensos bombardeos aéreos infructuosos, el destructor Buchanan descargó toda su munición sobre los japoneses, logrando en minutos el control de Tanambogo.

Conquista del aeródromo de Guadalcanal

Mientras tanto, en Guadalcanal, los estadounidenses aún no habían encontrado resistencia japonesa, pero el avance hacia el aeródromo era lento. Fue necesario el esfuerzo del general Vandegrift para que las primeras patrullas alcanzaran la pista al caer la noche del 8 de agosto. Al llegar, encontraron el campo abandonado: uniformes, cascos, redes anti‑mosquitos, utensilios y arroz a medio comer, testigos de una huida apresurada.

Los retrasos en el desembarque y las elevadas bajas sufridas en Tulagi, Gavutu y Tanambogo (a veces superiores al 20 % de la fuerza comprometida) demostraron la tenacidad del soldado japonés, incluso cuando estaba superado en número y fuego.

Finalmente, el aeródromo y las islas cercanas quedaron bajo control estadounidense, cumpliendo el objetivo de impedir que Japón estableciera una base que amenazara las líneas de suministro aliadas y aislara a Australia. El alivio se sintió en Washington, Londres y Canberra.

Contrataque japonés

Sin embargo, el alivio fue breve. Entre el 8 y el 9 de agosto, una escuadra japonesa lanzó un violento contraataque que desbarató la flota aliada bajo el almirante Crutchley y obligó a los barcos de transporte a retirarse. Para la tarde del 9 de agosto, el último buque del almirante Turner había desaparecido, dejando a los marines solos.