Durante la Segunda Guerra Mundial, la Batalla de Montecassino fue una serie de combates que los Aliados libraron para romper la Línea Gustav, capturar Roma y enlazar sus fuerzas con las que desembarcaron en Anzio.
El bombardeo masivo de aviones aliados destruyó la histórica Abadía de Montecassino.
Tras la Operación Husky (invasión de Sicilia) en septiembre de 1943, el desembarco en Calabria y la captura de Nápoles, el frente italiano se estancó. Alemania, aunque reducida, aprovechó la estrechez de la península para crear una defensa en profundidad que utilizaba los picos de los Apeninos como auténticos baluartes.
Italia había declarado su adhesión a los Aliados, pero la mayor parte de sus tropas fueron desarmadas o ejecutadas por los alemanes, que instauraron la República de Saló en el norte bajo el mando de Mussolini. La Línea Gustav, la más fuerte de esas defensas, se apoyaba en la zona montañosa de Abruzzo.
El mariscal alemán Albert Kesselring bloqueó el camino a Roma, mientras que los Aliados, obligados a concentrar sus recursos para la invasión de Normandía, relegaron Italia a un segundo plano. Así, los esfuerzos principales se dirigieron a la costa de Normandía, mientras que en Italia se mantuvo una campaña de desgaste.
Fracasos de los ataques frontales Anglo‑Americanos (enero‑marzo 1944)
Los Aliados intentaron romper la Línea Gustav con una serie de ofensivas que involucraron a más de 300.000 hombres (divisiones blindadas e infantería). Los alemanes, con alrededor de 100.000 soldados, defendían la zona con unidades de élite, entre ellas el 14.º Cuerpo Panzer y los paracaidistas.
En enero de 1944, tras intensos bombardeos, el Cuerpo Expedicionario Francés (CEF) tomó el Monte Trocchio, pero los ataques posteriores en Cassino fracasaron: los intentos de cruzar el río Rapido y de capturar la abadía fueron rechazados con fuertes bajas.
En febrero, los Aliados lanzaron la segunda ofensiva. El 15 de febrero bombardearon la abadía con 224 aviones, lanzando 420 toneladas de bombas que la redujeron a escombros. Sin embargo, la destrucción la convirtió en una fortaleza alemana y los ataques terrestres siguieron sin éxito, deteniéndose por el mal tiempo.
Éxito del flanqueo francés al sur de Cassino (Batalla del Garigliano, mayo 1944)
En primavera de 1944, el general Alphonse Juin, comandante del CEF, propuso evitar nuevos ataques frontales y, en su lugar, abrir un paso por las montañas de los Aurunci, consideradas “impensables” por los alemanes. El plan combinaba el avance del CEF por la sierra, un ataque del Cuerpo Polaco desde el norte y una ofensiva británica para cortar la carretera nacional.
El 11 de mayo comenzó el asalto a gran escala. Tras una preparación de artillería insuficiente, las divisiones marroquíes del CEF subieron por los empinados pasos y, tras una segunda oleada de fuego de artillería, lograron tomar el Monte Majo. La bandera francesa ondeó en su cumbre, simbolizando la ruptura de la Línea Gustav.
El avance continuó rápidamente: los morocinos conquistaron los picos de los Aurunci y los Lepini, mientras que los regimientos de spahis capturaban posiciones clave en los valles de Liri y Ausonia. El 17 de mayo los polacos tomaron la abadía de Montecassino y, el 20 de mayo, los alemanes comenzaron a retirarse. El 4 de junio Roma fue liberada.
Crímenes de guerra atribuidos al CEF
El Cuerpo Expedicionario Francés, formado en gran parte por soldados marroquíes, argelinos, tunecinos y senegaleses, ha sido señalado por violaciones masivas y otras atrocidades en la zona de la Ciociara. Las estimaciones varían entre 700 y 2 000 mujeres violadas y unas 800 muertes.
Investigaciones posteriores indican que, aunque hubo casos de violencia y robo, la magnitud de los hechos ha sido exagerada por propaganda y estigmatización de los soldados norteafricanos. Los tribunales militares franceses juzgaron a 360 soldados por abusos, pero los números citados en la posguerra son considerablemente mayores y carecen de fundamento sólido.
En resumen, la Batalla de Montecassino fue una campaña decisiva y costosa que combinó brutales combates de montaña, fracasos de los ataques frontales y, finalmente, un exitoso flanqueo francés que abrió el camino a la liberación de Roma.