Historia antigua

20. Segunda edición del Gran Imperio Romano

20. Segunda edición del Gran Imperio Romano

Dispersión de Italia

En el 493 d.C., bajo las órdenes del emperador Zenón del Imperio Romano de Oriente, el ostrogodo Teodorico invadió Italia y tomó el control de Roma tras la muerte del último rey romano, Odoacro. Teodorico, líder del clan ostrogodo en Alemania, era considerado un aliado de confianza de Zenón.

Aunque el propio Zenón le había encomendado la tarea, la nobleza italiana no aceptó fácilmente a un gobernante de sangre no romana, lo que provocó revueltas y aceleró la desintegración del territorio italiano.

Durante aproximadamente mil años, la península se fragmentó en pequeños estados‑ciudad bajo distintas potencias extranjeras: España, Austria y Francia ocuparon diversas regiones, mientras que la Santa Sede, es decir el Vaticano, mantuvo el control directo sobre Roma.

El surgimiento de un nuevo Imperio Romano

Los ostrogodos eran cristianos arrianos, una rama del cristianismo rechazada por el Papa. Por eso, el pontífice buscó sustituir a la dinastía gótica por una que abrazara el catolicismo.

El Papa solicitó ayuda al rey Clodoveo, jefe de los francos, un pueblo germánico del norte de Europa que también practicaba el arrianismo. Ante la petición papal, Clodoveo aceptó el catolicismo y, junto a sus guerreros, expulsó a los ostrogodos de Italia.

Con el apoyo papal, los francos establecieron lo que se denominó «Nuevo Imperio Romano». Aunque no tenía vínculo directo con el antiguo imperio, adoptó títulos tradicionales como Imperator, Caesar y Augusto, y se consideró una continuación simbólica del legado romano.

Los reyes lombardos y el conflicto con el papado

En el 565 d.C., Alboino, líder de la dinastía lombarda, expulsó a los francos y fundó una serie de reyes lombardos en Italia. Entre 565 y 774 hubo 24 monarcas lombardos, ninguno de los cuales recibió la investidura papal, lo que generó tensiones entre la corona y la Santa Sede.

El Papa, que desde la época de Julio César había sido considerado como representante de Dios en la Tierra, empezó a verse a sí mismo como rival del emperador. La rivalidad se agudizó en 727 d.C., cuando el papa Gregorio II se negó a obedecer al emperador bizantino León III; el emperador respondió con una campaña militar que obligó al pontífice a someterse.

En 730 d.C. el gobernador lombardo de Roma intentó imponer su autoridad sobre el Papa, provocando violencia en la ciudad y en la Basílica de San Pedro. Gregorio III buscó apoyo en el rey francés Carlos Martel para contrarrestar la presión lombarda.

El nacimiento del Estado Papal

En 754 d.C., el papa Esteban II viajó a Francia y se alió con Pipino el Breve, rey de los francos. Tras derrotar al rey lombardo Aistulfo en la batalla de Pavía, Pipino prometió no interferir en los asuntos de Roma y entregó al Papa territorios que pasaron a constituir los primeros dominios papales.

En 756 d.C., cuando los lombardos sitiaron la ciudad, la llegada de las tropas francas obligó a Aistulfo a retirarse. Los territorios cedidos al papado se convirtieron en el llamado Estado Papal, marcando la transición del Papa de simple obispo a soberano temporal.

Fin del poder lombardo

En 771 d.C., el último rey lombardo, Desiderio, intentó capturar al papa Esteban III bajo el pretexto de una peregrinación, pero fracasó. Este acto provocó la ira de Carlos Magno, rey de los francos, quien, junto a su hijo Pipino el Joven, derrotó a Desiderio en 773 d.C.

Con la caída de Desiderio, el dominio lombardo sobre Italia desapareció y se consolidó la autoridad papal, dando paso a una nueva era en la que el Papa gobernaba territorios extensos bajo la protección de los francos.