Historia antigua

1905: Un año turbulento y la crisis interna de Rusia

1905: Un año turbulento

En 1905, poco antes de que terminara la guerra ruso‑japonesa, el movimiento obrero ruso alcanzó tal fuerza que estalló el Domingo Sangriento. La derrota de la Flota del Báltico y una serie de huelgas nacionales debilitaron gravemente la autoridad del zar.

Contexto internacional y nacional

Rusia estaba comprometida en la Alianza Franco‑Rusa y, a diferencia de la Europa occidental, todavía rezagada en la Revolución Industrial. El atraso provocó una enorme frustración entre los obreros, cuyo descontento se canalizó a través del socialismo.

Mientras tanto, la guerra ruso‑japonesa (1904‑1905) se prolongaba sin un fin a la vista. La derrota de la Flota del Báltico, la rebelión polaca y la insurrección del acorazado Potemkin encendieron la llama revolucionaria.

El Manifesto de Octubre

Ante la creciente inestabilidad, el zar Nicolás II accedió a las recomendaciones de su ministro de Finanzas, Sergei Witte, y emitió el Manifesto de Octubre, que prometía:

  • Inviolabilidad del individuo
  • Libertad de pensamiento, expresión, reunión y asociación
  • Reforma electoral y apertura de una asamblea parlamentaria (la Duma)

Witte, un economista que había impulsado la expansión ferroviaria, se convirtió en el primer premier de la Rusia imperial al presidir el Consejo de Ministros.

Los soviets emergen

Unos días antes de la publicación del Manifesto, los obreros de San Petersburgo acuñaron el término «soviet» (consejo de representantes de los trabajadores). Inicialmente eran comités de huelga, pero pronto adquirieron funciones políticas y administrativas.

Levantamiento de Moscú

Los revolucionarios que rechazaron el Manifesto organizaron una huelga general el 7 de diciembre de 1905. Se levantaron barricadas en fábricas y calles, exigiendo mejores condiciones laborales. El ejército reprimió la revuelta, provocando numerosos muertos y arrestos.

El movimiento obrero y sus corrientes

En la década de 1890 surgieron dos grandes fuerzas revolucionarias:

  • El Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), heredero de los marxistas y de la tradición narodnik, que consideraba a los obreros como la fuerza motriz de la revolución.
  • El Partido Socialista Revolucionario (PSR), que representaba los intereses de los campesinos.

Estas organizaciones, junto con la oleada popular desencadenada por el Domingo Sangriento, constituyeron la Primera Revolución Rusa.

Creación de la Constitución y la Duma

En febrero‑marzo de 1906 se celebraron las primeras elecciones a la Duma. El sistema electoral favorecía enormemente a la nobleza: cada propietario de tierras tenía 1 voto, cada ciudadano 3, cada campesino 15 y cada obrero 45. La resultante fue una Duma dominada por liberales (Cadetes) y por los Trudoviks, surgidos de la corriente narodnik.

Ante este escenario, el zar reformó la estructura legislativa:

  • El Senado (Consejo Nacional) mantuvo su papel de contrapeso al zar.
  • La Duma se convirtió en la cámara de representantes electos.

Sin embargo, la Constitución de 1906 limitó de forma sustancial el poder de la Duma, manteniendo la autocracia zarista.

Agitación política en la última década

Tras la renuncia de Witte, el premier Goremykin y su ministro del Interior Stürmer (a veces transliterado como Struypin) intentaron reformar la tenencia de la tierra. La medida provocó una violenta resistencia campesina; los opositores fueron ejecutados en masa, lo que dio origen a los llamados «nudos de Struypin».

Stürmer buscó transformar la comunidad rural (mir) en propiedad privada de los campesinos, pero la política generó una profunda estratificación entre agricultores ricos y pobres y, finalmente, su propio asesinato.

Rasputín y la crisis del zar

El zar Nicolás II, ya debilitado políticamente, dependía cada vez más de la influencia de Grigori Rasputín, el curandero que trató a su hijo Alexéi, hemofílico. La esposa del zar, la emperatriz Alejandra, cedió a Rasputín el control de varios asuntos de Estado, lo que aumentó la percepción de corrupción y desorden.

La combinación de la derrota en la guerra, la falta de reformas agrarias, la represión de los soviets y la creciente influencia de Rasputín sumió a Rusia en una profunda crisis que desembocaría en la Revolución de 1917.