Introducción
El Reino de Nápoles fue un estado que abarcó la parte sur de la península italiana desde la Edad Media hasta 1860, y estuvo frecuentemente unido políticamente con Sicilia.

Orígenes normandos
En el siglo XII los normandos establecieron un territorio que comprendía el sur de Italia y Sicilia, heredando zonas previamente controladas por bizantinos, lombardos y musulmanes. En 1130 Roger II consolidó estas posesiones bajo el título de Rey de Sicilia y de Apulia.
Dinastía Hohenstaufen
Tras la muerte de la línea normanda, el reino pasó a los Hohenstaufen. El monarca más destacado fue Federico II (1198‑1250), bajo cuya autoridad el reino alcanzó su mayor prosperidad económica y cultural, convirtiéndose en un importante centro comercial y en puente de transmisión del saber greco‑árabe hacia Europa occidental.
Dominio de la Casa de Anjou
En 1266 Carlos I de Anjou, hermano del rey francés Luis IX, tomó el control del reino y trasladó la capital de Palermo a Nápoles. Su gobierno autoritario y los altos impuestos provocaron la revuelta conocida como la "Víspera Siciliana" (1282), que separó a Sicilia del continente y la entregó a la Corona de Aragón.
Unión con Aragón y los Dos Sicilias
En 1442 Alfonso V de Aragón conquistó Nápoles y, en 1443, adoptó el título de "Rey de las Dos Sicilias", que sus descendientes Fernando I y Fernando II mantuvieron hasta el siglo XVIII.
Periodo español (1504‑1707)
Tras la invasión francesa de Carlos VIII (1495), los españoles tomaron el control definitivo en 1504 y gobernaron el reino a través de virreyes durante dos siglos. La economía se orientó al extracto fiscal y el reino sufrió un lento declive, que desembocó en la rebelión de Masaniello (1647‑1648).
Influencia austriaca (1707‑1734)
La Guerra de Sucesión Española llevó al dominio de los Habsburgo austríacos. En 1734 Carlos III de Borbón, entonces duque de Parma, reconquistó Nápoles y Sicilia, instaurando la rama española de los Borbones.
Borbones y reformas del siglo XVIII
Los reyes borbónicos intentaron modernizar el estado siguiendo el modelo del despotismo ilustrado, introduciendo reformas administrativas y económicas, aunque la nobleza y la Iglesia resistían sus cambios.
Era napoleónica (1806‑1815)
Napoleón anexó el reino a Francia y, en 1806, lo convirtió en el Reino de Nápoles bajo su hermano José. En 1808 entregó el trono a Joachim Murat, cuyo gobierno abolió el feudalismo y adoptó un código civil moderno. Tras la derrota napoleónica, Fernando IV (más tarde Fernando I de las Dos Sicilias) recuperó el trono con apoyo británico.
Restauración y unificación italiana
Tras el Congreso de Viena (1815) el reino volvió a llamarse Dos Sicilias y se integró en la Europa conservadora. Las crecientes ideas liberales provocaron revueltas en 1820 y 1848. Finalmente, la expedición de Giuseppe Garibaldi en 1860 y el referéndum de octubre de ese año llevaron a la anexión del territorio al recién creado Reino de Italia.