Historia antigua

La Revolución Industrial Inglesa

Causas de la Revolución Industrial inglesa

Inglaterra disfrutaba de una situación política estable, sin aranceles internos y con un sistema bancario y de seguros bien estructurado. En el siglo XVIII se consolidó como potencia económica mundial, acumulando grandes capitales. Sus numerosos puertos naturales y ríos navegables, enlazados por una red de canales, facilitaban el intercambio tanto interno como externo.

El abundante y barato suministro de mano de obra fue otro factor clave. Las mejoras agrícolas redujeron la mortalidad y, al mismo tiempo, la expropiación de tierras por parte de los terratenientes empujó a muchos campesinos hacia las ciudades.

El creciente imperio colonial británico y la hegemonía naval conseguida tras derrotar a Francia en la segunda mitad del siglo XVIII garantizaban mercados seguros para los productos manufacturados.

Consecuencias de la Revolución Industrial en Inglaterra

Transformación de la producción

Al inicio del siglo XVIII coexistían varios tipos de trabajo industrial: los gremios artesanales, la industria doméstica rural y los talleres textiles sin maquinaria. Con la expansión del comercio, la producción pasó de servir al consumo familiar a abastecer al mercado, y surgieron fábricas que reunían a numerosos obreros bajo una división del trabajo.

Inventos y máquinas

El sector textil fue el primero en mecanizarse. En 1767 James Hargreaves creó la spinning jenny, una máquina de hilar de madera que revolucionó la industria doméstica. Dos años después, Richard Arkwright patentó el water frame, y en 1769 James Watt perfeccionó la máquina de vapor, que pronto alimentó telares y otras máquinas.

En 1779 Samuel Crompton mejoró el telar de agua y, en 1785, Edmund Cartwright inventó el telar mecánico, capaz de operar con mano de obra poco cualificada, marcando el fin del telar manual.

El uso creciente del hierro y del carbón, abundantes en Inglaterra, permitió sustituir la madera por metal y dio impulso a la industria del acero. A finales del siglo XIX, la electricidad, impulsada por los descubrimientos de Michael Faraday, comenzó a rivalizar con el vapor como fuente de energía.

La clase obrera

La Revolución Industrial Inglesa

La revolución industrial dio origen a una clase trabajadora que percibía salarios bajos y jornadas de hasta 16 horas. Los antiguos dueños de telares y ruedas de hilar quedaron subordinados a los capitalistas, propietarios de los medios de producción.

El crecimiento urbano fue vertiginoso: en 1800 Londres superó el millón de habitantes. El norte de Inglaterra, especialmente Manchester, se convirtió en el epicentro de la industria, donde mujeres y niños trabajaban en condiciones precarias por salarios inferiores a los de los hombres.

Las duras condiciones laborales provocaron protestas, como el movimiento ludita de 1811, que destruyó máquinas como forma de resistencia. En la década de 1830 surgió el movimiento cartista, que reclamaba el sufragio universal, y posteriormente los sindicatos lucharon por la prohibición del trabajo infantil, la jornada de ocho horas y el derecho a huelga.

Referencias bibliográficas

  • Bahamonde, Miguel & Villares, Ramón. The Contemporary World, XIX y XX. Ed. Taurus, Madrid, 2008.
  • Schlutz, Helga. Economic History of Europe, 1500-1800. Craftsmen, Merchants and Bankers. Siglo XXI, Madrid, 2001.
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