El 18 de mayo de 1804 el Senado proclamó a Napoleón Bonaparte, entonces Primer Cónsul y después Cónsul Vitalicio, como Emperador de los franceses. La mayoría de la población aceptó el nuevo título, iniciándose así la etapa imperial. Desde entonces, el «coloso corso» persiguió el sueño de imponer su cetro sobre toda Europa y lograr una monarquía universal. Napoleón no solo dejó su huella con sus campañas militares, sino también con profundas reformas culturales, industriales y legales que marcaron una época clave de la historia europea y mundial.
Apogeo napoleónico
Como emperador, Napoleón instauró un gobierno personal, autocrático y sin límites. La monarquía imperial se convirtió en una monarquía absoluta donde todo el poder residía en el soberano, sin respetar la constitución, las leyes ni la separación de poderes, lo que supuso la supresión de libertades individuales y de pensamiento. El emperador rodeó su corte de familiares y generales a quienes otorgó títulos nobles, pero también impulsó la cultura, la industria y el comercio, modernizó puertos y embelleció París y otras ciudades. Promulgó leyes que perduran hasta hoy y aspiró a convertir a Francia en la primera nación del mundo. Estas ambiciones se vieron respaldadas por brillantes victorias contra Austria y Prusia, que consolidaron a Francia como la potencia dominante de Europa. Sin embargo, el enfrentamiento permanente con Inglaterra resultó en un largo conflicto que, al final, provocó el colapso del poder napoleónico.
Principales acciones militares durante la etapa imperial
a. Batalla de Trafalgar (1805)
Napoleón preparó una invasión a Inglaterra con 150.000 soldados y 2.000 embarcaciones. La flota, comandada por el almirante Villeneuve, fue destruida por la escuadra británica bajo el almirante Nelson el 21 de octubre de 1805. En la derrota, Nelson pronunció: «¡Soldados, Inglaterra espera que cada uno cumpla su deber!»
b. Batalla de Ulm (1805)
La victoria en Ulm abrió el camino para la ocupación de Viena por parte de Napoleón.
c. Batalla de Austerlitz (1805)
Conocida como la «Batalla de los Tres Emperadores», Napoleón derrotó a las fuerzas austro‑rusas superiores, consolidando su reputación como estratega militar.
d. Batalla de Jena (1806)
El triunfo en Jena permitió a Napón entrar triunfalmente en Berlín y decretar el Bloque Continental contra Inglaterra.
e. Batalla de Friedland (1807)
Derrotó al ejército ruso, lo que llevó a la firma del Tratado de Tilsit y al establecimiento de una alianza franco‑rusa.
El Bloque Continental contra Inglaterra
Al no poder conquistar Inglaterra por la fuerza, Napoleón instauró el Bloque Continental, prohibiendo a Francia y a sus aliados cualquier intercambio comercial con el Reino Unido. Creía que aislar a Inglaterra la empobrecería, pues una potencia industrial necesitaba mercados continentales. Sin embargo, la falta de apoyo total de Europa obligó al emperador a anexar los Estados del Clero, Holanda, la costa norte de Alemania y a intervenir en Portugal, España y Rusia, lo que aceleró su declive. Cuando el Papa Pío VII se opuso al bloqueo, Napoleón ocupó los Estados pontificios y encarceló al pontífice en Fontainebleau. Posteriormente, forzó la invasión de Portugal y dirigió su mirada a España.
La invasión de España (1808‑1814)
Para debilitar a Inglaterra, Napoleón necesitaba el apoyo de España, pero la resistencia española, alimentada por la presencia de tropas francesas y la presión inglesa bajo el duque de Wellington, desencadenó la Guerra de la Independencia. En 1808, 100.000 soldados franceses bajo el mando del mariscal Murat ocuparon plazas clave de España. El descontento popular provocó la revuelta de Aranjuez, que obligó a Carlos IV a abdicar en favor de Fernando VII. En Bayona, Napoleón obligó a ambos a renunciar al trono y lo entregó a su hermano José Bonaparte, proclamado rey de España y de las Indias.
La resistencia española, combinada con la guerrilla y el apoyo británico, resultó en importantes victorias como las batallas de Bailén y Cintra (1808) y culminó con la victoria en Vitoria (1813). Finalmente, Napoleón devolvió la corona a Fernando VII.
La campaña rusa (1812)
Ante la negativa rusa a adherirse al Bloque, Napoleón reunió una enorme fuerza de 400.000 hombres, conocida como la «Ejército de las veinte naciones», y cruzó la frontera en junio de 1812. La campaña se vio obstaculizada por la estrategia de tierra quemada rusa, el clima extremo y la feroz resistencia de los cosacos. Aunque ocupó Moscú, la ciudad fue incendiada y el ejército francés quedó sin suministros. La retirada se convirtió en una catástrofe: en diciembre de 1812, el ejército había perdido cerca de 330.000 hombres.
a. Batalla de Borodino (7 de septiembre de 1812)
Una sangrienta contienda cerca de Moscú donde los franceses perdieron 30.000 hombres frente a 40.000 rusos, lo que facilitó la ocupación temporal de la capital.
b. Batalla del Bérestro (diciembre de 1812)
Durante la retirada, el ejército francés, reducido y exhausto, resistió el ataque de más de 140.000 soldados rusos, logrando escapar pese a la derrota.
Batalla de Leipzig (1813)
Al regresar de Rusia, Napoleón se enfrentó a una coalición de 500.000 soldados (Inglaterra, Rusia, Prusia, Suecia y Austria). La derrota en Leipzig, conocida como la «Batalla de las Naciones», abrió el camino para la invasión de Francia y la ocupación de París. El 6 de abril de 1814 Napoleón abdicó por primera vez; el Senado proclamó a Luis XVIII como rey.
Fin del Imperio napoleónico
Aunque exiliado en la isla de Elba, Napoleón siguió atento a la política europea. El descontento con Luis XVIII facilitó su regreso el 1 de marzo de 1815, iniciando el periodo de los "Cien Días". Tras la derrota definitiva en Waterloo, fue forzado a abdicar nuevamente, intentó escapar a Estados Unidos, pero se entregó a los británicos y fue enviado a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821.
Batalla de Waterloo (18 de junio de 1815)
Los ejércitos aliados bajo Wellington y Blücher, con 220.000 hombres, derrotaron a los 124.000 franceses. Un retraso provocado por una tormenta dio tiempo a los prusianos para llegar al campo de batalla, lo que resultó decisivo. La derrota selló el fin del Imperio y la captura de Napoleón.
Causas de la caída de Napoleón
Los factores principales fueron:
- Su enemistad mortal con Inglaterra, que mantuvo una presión naval constante y apoyó a sus enemigos.
- La agresión contra España y Portugal, que desencadenó la Guerra de la Independencia española y desgastó al ejército francés.
- La desastrosa invasión de Rusia en 1812, que agotó sus recursos y su capacidad militar.
- La ocupación de los Estados del Clero y el encarcelamiento del Papa, que generó una profunda animosidad entre los católicos.
El Congreso de Viena (1814‑1815)
Reunió a representantes de las principales potencias europeas (Inglaterra, Rusia, Prusia, Austria y Francia) para redibujar el mapa del continente tras las guerras napoleónicas. Entre las decisiones más relevantes:
- Inglaterra mantuvo su supremacía naval y sus colonias en Asia, África, Oceanía y América.
- Rusia anexó Finlandia, Besarabia y el Ducado de Varsovia.
- Bélgica pasó a formar parte de los Países Bajos; Noruega quedó bajo Suecia.
- Francia recuperó sus fronteras pre‑revolucionarias.
- Austria adquirió el Reino Lombardo‑Veneciano.
El Congreso buscó restablecer el equilibrio de poder y contener futuras ambiciones expansionistas.