1. Ladrillos de barro
Mesopotamia carecía de piedra y madera, materiales tradicionales en la construcción. Los mesopotámicos aprovecharon los recursos locales —arcilla, agua y paja— para producir ladrillos de barro duraderos.
Los ladrillos se moldeaban en forma rectangular y se dejaban secar al sol hasta endurecerse. Con ellos se erigieron casas, templos y palacios; sus muros, muy gruesos, ayudaban a mantener el interior fresco en el clima caluroso.
También se utilizaban para construir bóvedas y cúpulas que cubrían los techos de edificios de gran tamaño.
2. Esteras de caña
Las cañas, plantas altas que crecen en los pantanos y a orillas de los ríos, se trenzaban para formar esteras. Estas se empleaban en la construcción de viviendas, cercas e incluso embarcaciones.
Su ligereza facilitaba el transporte y el montaje, y sus propiedades aislantes contribuían a mantener los interiores frescos en verano y cálidos en invierno.
3. Betún natural
El betún, una forma de alquitrán natural presente en la región, se usaba como sellador y adhesivo. Permitía impermeabilizar techos y paredes y unir ladrillos de barro.
Debido a su valor, el betún se reservaba para edificios de gran importancia, como templos y palacios, y también se utilizaba en la elaboración de esculturas y otras obras de arte.
Los mesopotámicos demostraron una gran ingeniosidad al adaptar los recursos disponibles en su entorno para crear estructuras resistentes que siguen inspirando a la arquitectura contemporánea.