Tierra
Los miwok mantenían una relación profunda con la tierra, considerándola sagrada e inseparable de su identidad y modo de vida. Su territorio se extendía desde las montañas de Sierra Nevada hasta el Océano Pacífico, y desde el Área de la Bahía de San Francisco hasta la Bahía de Monterey, abarcando bosques de coníferas, robledales, praderas y zonas costeras.
Caza y recolección
Expertos cazadores y recolectores, dependían de la variada flora y fauna para su sustento: ciervos, alces, conejos, ardillas, aves y peces, así como bellotas, nueces, bayas, raíces y otros alimentos vegetales.
Uso de la bellota
La bellota era un recurso esencial. Los miwok recogían y procesaban grandes cantidades, las molían para obtener harina y preparaban panes, papillas y otros platillos.
Movilidad estacional
Practicaban desplazamientos estacionales, estableciendo campamentos temporales según la disponibilidad de alimentos, agua y materiales en los distintos ecosistemas.
Paisajes culturales
Modificaban el entorno de forma intencional: quemaban praderas para estimular el crecimiento de ciertas plantas y construían estructuras de piedra para ceremonias, creando paisajes culturales.
Mar
Aunque su vida giraba principalmente en la tierra, también mantenían vínculos con el mar y las zonas costeras.
Pesca
Utilizaban diversas técnicas, como la pesca con lanza, redes y trampas, para capturar peces, mariscos y otras especies marinas.
Recolección de mariscos
Recogían almejas, mejillones y abalones, que servían tanto como alimento como material para herramientas, adornos y objetos ceremoniales.
Comercio marítimo
Intercambiaban productos como obsidiana, pieles de ciervo y cestas por pescado seco, sal y conchas con otras tribus costeras.
En conjunto, el uso de la tierra y el mar refleja la profunda comprensión y respeto de los miwok por el medio natural y su capacidad para adaptarse y prosperar en ecosistemas diversos.