Los aztecas, una civilización mesoamericana que alcanzó su apogeo entre los siglos XIV y XVI, dejaron un legado impresionante en diversos campos.
Fundación de Tenochtitlán
Procedentes del norte de México, los aztecas establecieron su capital, Tenochtitlán, en 1325 d.C. sobre una isla del lago Texcoco, según la leyenda de la señal del águila.
Construcción de un imperio
A través de conquistas y alianzas, expandieron su dominio por el centro y sur de México, creando una red de ciudades‑estado tributarias bajo su control.
Agricultura avanzada
Desarrollaron técnicas como las chinampas, jardines flotantes artificiales, y sistemas de riego que aumentaron la producción de alimentos y sustentaron a una población en rápido crecimiento.
Religión y ceremonias
Su vida estaba impregnada de religiosidad. Construyeron templos majestuosos, como el Templo Mayor, y realizaban rituales que incluían ofrendas y, en ocasiones, sacrificios humanos para honrar a sus dioses.
Calendario y escritura
Crearon un calendario solar y ritual de gran precisión y un sistema de escritura combinando logogramas y sílabas, usado para registrar tributos, crónicas y textos sagrados.
Arte y arquitectura
Su arte se manifestó en esculturas, murales, códices pintados y grandes construcciones de pirámides, templos y palacios que reflejaban su habilidad técnica y estética.
Metales y comercio
Trabajaron el oro, la plata y el cobre, y mantuvieron intensas rutas comerciales con otras regiones mesoamericanas, intercambiando bienes de lujo y productos agrícolas.
Educación y estructura social
Contaban con escuelas separadas para niños comunes y nobles. La sociedad estaba jerarquizada: el emperador, la nobleza, los sacerdotes, los guerreros y, finalmente, los plebeyos.
Encuentro con los españoles
La llegada de Hernán Cortés en 1519 y sus alianzas con pueblos enemigos de los aztecas culminaron con la caída de Tenochtitlán en 1521, poniendo fin al imperio.