Los celtas empleaban una gran variedad de colores en sus vestimentas, asignando a cada tono un significado específico según la ocasión o la función.
Rojo
Asociado a la sangre y al fuego, simbolizaba fuerza, poder y valentía. Se utilizaba frecuentemente en túnicas ceremoniales y atuendos de batalla.
Azul
Representaba el cielo y el mar, vinculándose con la sabiduría y el conocimiento. Era típico en la ropa de druidas y otros líderes religiosos.
Verde
El color de la tierra y la vegetación, relacionado con la fertilidad y la prosperidad. Lo llevaban principalmente agricultores y campesinos.
Amarillo
Simboliza al sol, la luz, el calor y la alegría. Era popular entre niños y jóvenes.
Blanco
Color de la pureza, asociado a lo divino y lo sagrado. Lo usaban sacerdotes y sacerdotisas.
Negro
Representa la oscuridad y el misterio, vinculado con la muerte y el luto. Era la elección para los dolientes.
Además de estos tonos, los celtas también empleaban púrpuras, marrones y naranjas, favoreciendo colores brillantes y combinaciones atrevidas.
Los patrones y diseños de sus prendas tenían a menudo significados simbólicos, indicando el estatus, la ocupación o la afiliación clan de quien los llevaba.
En conjunto, los colores y los motivos de la vestimenta celta reflejaban profundamente sus creencias y valores culturales.