Historia antigua

La intervención de la Luftwaffe en Irak durante la Segunda Guerra Mundial

Antecedentes

En 1941 se desencadenó uno de los episodios menos conocidos de la Segunda Guerra Mundial, cuando británicos, iraquíes, alemanes e italianos se disputaron el control de Irak, entonces parte de Mesopotamia. La campaña, conocida como Operación Sabina o Guerra Anglo‑iraquí, duró apenas un mes y medio, pero tuvo consecuencias decisivas para el conflicto global.

El ascenso de Rashid Ali al‑Gailani

En marzo de 1940 el nacionalista Rashid Ali al‑Gailani fue nombrado primer ministro de Irak. Londres exigía que el país rompiera relaciones con Alemania e Italia, algo que Gailani rechazó rotundamente. En lugar de ello, estableció contactos con diplomáticos nazis y fascistas y obstaculizó el tránsito de tropas británicas.

Las sanciones económicas británicas provocaron la caída de Gailani, que fue sustituido el 31 de enero de 1941 por el más complaciente Nuri al‑Said. Sin embargo, el exministro organizó un golpe de Estado. El 2 de abril lo ejecutó y recuperó el poder, sin abolir la monarquía.

La intervención de la Luftwaffe en Irak durante la Segunda Guerra Mundial

Ruptura con el Reino Unido

Su primera medida fue anular el tratado anglo‑iraquí y cortar el suministro de petróleo a Gran Bretaña. Además, prohibió el paso de tropas británicas por territorio iraquí, salvo que los soldados ya estacionados se retiraran.

Como respuesta, los británicos enviaron 9 000 soldados que desembarcaron en Basora el 18 de abril. Doce días después, las fuerzas iraquíes rodearon la base británica de Habbaniyah con unos 6 000 hombres y 30 piezas de artillería. El 2 de mayo comenzó la batalla por el control de ese punto estratégico.

Desigualdad aérea

Los británicos contaban con 18 tanques y 96 aviones, en su mayoría entrenados pero adaptados en el terreno para lanzar bombas. Esa superioridad aérea inclinó la balanza a su favor, pese a que las fuerzas terrestres iraquíes estaban mejor preparadas.

La intervención de la Luftwaffe en Irak durante la Segunda Guerra Mundial

Intervención del Eje

Ante la situación, el gobierno de Gailani solicitó apoyo militar a las potencias del Eje. Hitler, interesado en abrir un nuevo frente, autorizó la ayuda y designó al general de la Luftwaffe Hans Jeschonnek como Fliegerführer Irak.

Así, entre el 10 y el 12 de mayo de 1941, 12 aviones Heinkel He 111 y 14 Messerschmitt Bf 110 volaron a Mosul para asistir al ejército iraquí. Desde bases sirias, 13 Junkers Ju 52 y varios Junkers Ju 90 también fueron enviados, acompañados por un escuadrón de cazas de la Regia Aeronautica italiana. Todos los aviones llevaban insignias iraquíes, convirtiendo a Irak en un auténtico campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial.

Derrota y retirada

Sin embargo, la superioridad de la RAF resultó decisiva. Los aviones del Eje estaban lejos de sus bases de suministro, mientras los británicos continuaban desembarcando tropas y tanques, casi un centenar, en Basora. El 27 de mayo ya habían llegado a Bagdad. Dos días después, todo el personal de la Luftwaffe y los diplomáticos alemanes abandonaron la ciudad, junto a Gailani y la mayoría de sus ministros, a bordo de los últimos dos aviones disponibles: dos Heinkel He 111 con destino a Berlín.

Consecuencias

Se firmó el armisticio y se restableció un gobierno pro‑británico. Así se impidió la expansión del Tercer Reich en Oriente Medio y se garantizó el acceso aliado al petróleo iraquí. En 1942 Irak se convirtió en el primer país musulmán en declarar la guerra a las potencias del Eje.