Ubicación y dimensiones
Finnmark es la provincia más septentrional de Noruega, limitando al este con Rusia y evitando que Suecia y Finlandia accedan al Océano Ártico. Con una superficie mayor que la de Dinamarca, es el condado más extenso del país, aunque sólo alberga unas 75 000 personas, lo que la convierte en la región menos poblada.
Puntos geográficos singulares
En la península de Nordkinn se encuentra Kinnarodden, el punto más al norte del continente europeo. Más al norte, en la isla de Magerøya, está Knivskjellodden, considerado el punto más septentrional de Europa situado en una isla. Los habitantes de Honningsvåg, además, se autodenominan la ciudad más al norte del mundo.

La capital, Vardø, es la localidad más oriental de Noruega, situada más al este que Estambul. Allí se erige la fortaleza de Vardøhus, construida en 1306 por el rey Haakon V Magnusson, la fortaleza más septentrional de Europa.
Historia temprana
En el siglo XVII, Vardø fue escenario de una intensa caza de brujas: 88 mujeres fueron quemadas en la hoguera, una cifra desproporcionada para la escasa población de la zona. Curiosamente, la primera víctima de la persecución fue un hombre.

Finnmark ha sido tradicionalmente el territorio de los sámi (también conocidos como lapones). El término “lapp”, de origen peyorativo, ya no se emplea en Escandinavia porque implica “inculto”, “tonto” o “mendigo”.
La retirada nazi y la “tierra arrasada”
Al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Ejército Soviético avanzó sobre Finlandia y obligó a los alemanes a retirarse, Noruega fue el escenario de la Operación Nordlicht. Para impedir que soviéticos y finlandeses los siguieran, los nazis aplicaron la política de tierra arrasada, destruyendo todo lo que pudiera ser útil al enemigo.
El resultado fue catastrófico: 11 000 casas, 4 700 establos, 106 escuelas, 27 iglesias y 21 hospitales fueron incendiados; 22 000 líneas de comunicación y carreteras fueron demolidas; cientos de barcos fueron hundidos y miles de animales sacrificados.

Más de 70 000 personas perdieron su vivienda y más de 1 000 niños quedaron huérfanos, prácticamente toda la población de Finnmark. Los alemanes evacuaron forzosamente a 50 000 habitantes hacia el sur; otros 25 000 optaron por refugiarse en cuevas, túneles y minas. Las principales ciudades quedaron reducidas a escombros.
Tras el fin de la contienda, el gobierno noruego prohibió el regreso a Finnmark —plagada de minas— hasta el final del verano de 1945.