Durante el Neolítico, las viviendas se construían con los materiales que el entorno ofrecía: madera, piedra, barro, paja y cañas. Las técnicas variaban según la región y el clima.
Madera y paja
En zonas boscosas se levantaban marcos de madera uniendo postes verticales con vigas horizontales. El techo y, a veces, las paredes se cubrían con paja, cañas o hierbas entrelazadas, fijadas al armazón.
Piedra y barro
En áreas montañosas o rocosas se utilizaba la piedra, ya sea apilada sin mortero o unida con barro. También se fabricaban ladrillos de barro mezclado con paja, que se secaban al sol y se empleaban para levantar muros.
Viviendas en cuevas
Algunos grupos neolíticos se refugiaban en cuevas naturales, que ofrecían protección contra el clima y los depredadores.
Casas circulares
Las casas redondas, con planta circular, eran habituales. Su estructura podía combinar madera, piedra o ladrillos de barro.
Poste y dintel
Se empleaba la técnica de poste y dintel: postes verticales que sostienen vigas horizontales que cruzan la anchura del edificio.
Entablado y barro (wattle‑and‑daub)
Consistía en entrelazar ramas flexibles o cañas entre postes (entablado) y cubrirlo con una mezcla de barro y estiércol, creando una pared sólida.
Viviendas sobre pilotes
En regiones cercanas a ríos o lagos, se construían casas elevadas sobre pilotes o plataformas, conocidas como viviendas sobre pilotes, que protegían de inundaciones y animales.
Techos
Los techos solían ser de paja, aunque en algunos casos se utilizaban tablas de madera, corteza o losas de piedra.
Estas técnicas y materiales difirieron considerablemente entre distintas culturas y periodos del Neolítico, según la disponibilidad local y la evolución de los conocimientos constructivos.