Tras la Primera Guerra del Opio (1839‑1842) China firmó una serie de tratados que transformaron radicalmente el marco legal y comercial para los británicos en el país. A continuación se describen los principales privilegios que obtuvieron los mercaderes británicos.
Extraterritorialidad
Los comerciantes británicos quedaron sujetos únicamente a la legislación británica, incluso cuando operaban dentro del territorio chino. Esta protección evitó que fueran juzgados bajo leyes chinas, que a menudo resultaban severas e impredecibles.
Los cinco puertos de tratado
Se abrieron a la actividad extranjera los puertos de Cantón, Xiamen, Fuzhou, Ningbo y Shanghái. La apertura de estos puertos permitió a los británicos comerciar directamente con China, sin depender de intermediarios locales.
El comercio de coolies
El acuerdo obligó a China a reconocer la legalidad del traslado de trabajadores chinos (coolies) a las colonias británicas. Este flujo de mano de obra barata favoreció a los intereses económicos británicos en el sudeste asiático y el Pacífico.
Estatuto de Nación más favorecida (MFN)
China debía conceder a Gran Bretaña los mismos privilegios comerciales que ofrecía a cualquier otra potencia extranjera. De este modo, los mercaderes británicos no estaban en desventaja frente a sus competidores internacionales.