Historia antigua

La Revolución Francesa

La Revolución Francesa, que estalló en 1789, es considerada por muchos historiadores como el punto de partida de la Edad Contemporánea. Su profunda radicalización política marcó la ruptura entre la Edad Moderna y la contemporánea.

Para comprender este proceso es esencial conocer la situación económica y social de Francia en el siglo XVIII.

Contexto histórico

Hasta el siglo XVIII, Francia se regía bajo un monarquía absoluta: el rey Luis XVI concentraba en su figura los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Los franceses no eran ciudadanos de un Estado democrático, sino súbditos del monarca.

Dentro del orden absolutista la sociedad se dividía en tres Estados:

  • Primer Estado: el clero de alto rango.
  • Segundo Estado: la nobleza, que ejercía funciones militares (nobleza de espada) y judiciales (nobleza de toga).
  • Tercer Estado: la burguesía, el clero bajo, comerciantes, banqueros, artesanos, obreros urbanos, campesinos y el sans-culottes. Representaba alrededor del 97 % de la población.

En la segunda mitad del siglo XVIII Francia participó en numerosos conflictos, como la Guerra de los Siete Años (1756‑1763) y la ayuda a la independencia de los Estados Unidos. El costoso estilo de vida de la corte absolutista, financiado por el Estado, agravó la situación fiscal.

Dos crisis profundizaron el descontento:

  • Crítica agraria: malas cosechas en los años 1770‑1780 provocaron una inflación del 62 %.
  • Crítica financiera: la creciente deuda pública, agravada por la falta de inversión industrial.

El Tercer Estado, influido por la Ilustración y la difusión de panfletos sobre libertad e igualdad, sufrió con mayor intensidad los efectos de estas crisis.

Causas de la Revolución

A finales de la década de 1780 la burguesía, los trabajadores urbanos y los campesinos exigieron al rey una respuesta a la crisis y una mayor representación política.

En julio de 1788 se convocaron los Estados Generales, provocando un enfrentamiento entre los intereses del Tercer Estado y los de la nobleza y el clero, que apoyaban al monarca.

El 5 de mayo de 1789 se abrió la Asamblea de los Estados Generales, pero el sistema de votación (un voto por Estado) garantizaba siempre la mayoría del Primer y Segundo Estado sobre el Tercer, lo que avivó la indignación de la burguesía.

El 10 de junio, los diputados del Tercer Estado propusieron la creación de una Asamblea Nacional para redactar una nueva Constitución. Ante la falta de respuesta, el 17 de junio se declararon la Asamblea Nacional, iniciándose simultáneamente levantamientos populares en París y en el campo. Así comenzó la Revolución.

Etapas de la Revolución Francesa

La Revolución Francesa
  • Asamblea Nacional Constituyente (1789‑1791)

El 14 de julio de 1789 la toma de la Bastilla simbolizó la ruptura con el Antiguo Régimen. En agosto, la Asamblea abolió los privilegios feudales y, en agosto de 1789, proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que reconocía la ciudadanía y la igualdad ante la ley.

En septiembre de 1791 se promulgó la Constitución de 1791, estableciendo una monarquía constitucional, el sufragio censitario y la confiscación de bienes eclesiásticos.

  • Convención Nacional (1792‑1795)

Los jacobinos, la facción más radical, impulsaron la abolición de la monarquía. En 1792 se proclamó la Primera República y, en enero de 1793, Luis XVI y María Antonieta fueron ejecutados en la guillotina.

Este periodo se conoce como el Reinado del Terror, caracterizado por la aplicación indiscriminada de la guillotina bajo el liderazgo de Maximilien Robespierre, Saint‑Just y Danton. Mientras tanto, Austria y Prusia continuaban la guerra contra la Francia revolucionaria.

Surge el Ejército Nacional, compuesto por ciudadanos en lugar de mercenarios aristocráticos, y logra importantes victorias que consolidan el sentimiento nacional.

  • El Directorio (1795‑1799)

En 1795 la burguesía recuperó el poder mediante una nueva Constitución que estableció el Directorio, un órgano ejecutivo de cinco miembros. Sin embargo, la crisis social persistía.

Napoleón Bonaparte, joven general destacado, se convirtió en la figura que la burguesía esperaba para estabilizar la situación. En 1799, mediante el golpe de 18 de Brumario, derrocó al Directorio y, en 1804, se proclamó Emperador, iniciando el Periodo Napoleónico (1800‑1815) que transformó el mapa político de Europa y difundió el ideal nacionalista.


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