La creencia de que los monjes nunca contraatacaban en los campos de batalla es un mito simplificado.
En la Edad Media surgieron órdenes monásticas militares que combinaban la vida religiosa con la acción bélica. Los Caballeros Hospitalarios y los Caballeros Templarios, por ejemplo, participaron activamente en combates importantes.
Un caso emblemático es la Batalla de Hattin (1187), donde estas dos órdenes monásticas se enfrentaron a las fuerzas de Saladino, demostrando que los monjes podían y luchaban cuando lo exigía la situación.
Otras órdenes, como los Caballeros Teutónicos o la Orden de San Juan, también desempeñaron papeles decisivos en campañas militares en Europa y el Mediterráneo.
Por lo tanto, la idea de que los monjes nunca contraatacaban es inexacta; la historia muestra numerosos episodios en los que los monjes‑guerreros participaron activamente en la guerra.