1. Topografía y planificación
Ingenieros realizaban estudios para determinar la ruta óptima, considerando el terreno, las curvas y los desniveles. Se elaboraban planos detallados que especificaban la disposición de la vía, la ubicación de estaciones, desvíos y puentes.
2. Nivelación del terreno
Se preparaba la base de la vía nivelando el suelo con equipos tirados por caballos o máquinas de vapor, creando una superficie lisa y uniforme.
3. Colocación de los durmientes
Se disponían durmientes de madera, generalmente de roble o cedro, perpendiculares a la vía. Los durmientes se espaciaban de forma regular para ofrecer soporte a los rieles.
4. Instalación de los rieles
Los rieles de acero, fabricados en longitudes estándar, se colocaban sobre los durmientes y se fijaban con clavos o pernos.
5. Unión de los rieles
Para obtener una vía continua, los extremos de los rieles se unían mediante placas de empalme (fishplates), que se atornillaban a ambos rieles.
6. Colocación del balasto
Una vez asentados los rieles, se distribuía balasto —grava triturada, piedra o escoria— sobre la base. El balasto estabiliza la vía y facilita el drenaje.
7. Alineación y nivelación
Con el balasto en su lugar, la vía se alineaba y nivelaba usando niveles de vía y llaves especiales, garantizando la geometría adecuada.
8. Verificación del ancho de vía
Se medía y ajustaba el ancho de vía (distancia entre rieles) con calibradores para asegurar la correcta circulación de los trenes.
9. Mantenimiento periódico
El mantenimiento regular incluía inspecciones para detectar desgaste o daños, sustitución de durmientes o rieles defectuosos y control del drenaje y del balasto.
Construir vías férreas a principios del siglo XX requería una gran cantidad de mano de obra y habilidades especializadas. Aunque el proceso era laborioso, fue esencial para el desarrollo de la infraestructura de transporte y el crecimiento de la industria ferroviaria en esa época.