Los Caballeros Hospitalarios y su llegada a Malta
Los Caballeros de San Juan son una de las órdenes militares más antiguas. Fundados alrededor del año 1120 en Jerusalén, inicialmente dirigían un hospital en la Ciudad Santa, de ahí el nombre de “hospitalarios”. Tras la pérdida de los territorios sagrados ante los musulmanes, la orden se refugió en Chipre y luego en Rodas, de donde fueron expulsados por el sultán otomano Suleimán el Magnífico en 1522.
El propio sultán reconoció su valor y les permitió partir. Después de varios años de vagar, el emperador Carlos V les cedió Malta y su archipiélago. Desde allí los caballeros continuaron la lucha contra el Islam, convirtiéndose en el principal obstáculo para piratas bereberes y para la Armada otomana.
Los ataques previos al asedio
En 1551 el almirante turco Turgut Reis, ex‑pirata al servicio de Suleimán, asaltó la isla de Gozo, capturando a unos 5 000 habitantes. En 1564 los caballeros capturaron una nave turca cargada con el tesoro de la hija del sultán, lo que provocó la decisión otomana de atacar Malta, clave estratégica del Mediterráneo.
El gran asedio de 1565
En otoño de 1564 Suleimán reunió una fuerza colosal: más de 200 barcos y unos 40 000 hombres, entre ellos 6 000 jenízaros, 9 000 caballería y soldados de infantería, 4 000 guerreros musulmanes fanáticos, 6 000 azapis y 15 000 contingentes de Anatolia, además de piratas tunecinos, egipcios y argelinos.
Los Caballeros de San Juan contaban con unos 500 caballeros, 800 italianos, 400 españoles, 200 griegos, 1 000 marineros, 100 sirvientes y unos 3 000 voluntarios maltés.
Su defensa se centró en cuatro fortalezas: la fortaleza de Mdina, la de Senglea (San Miguel), la de Birgu (San Ángel) y la pequeña pero estratégica Fortaleza de San Elmo, situada en el promontorio de la Gran Armada y guardada por unos 100 hombres.
El papel de Jean de Valette
El Gran Maestre Jean de Valette, consciente de la magnitud del peligro, decidió atrincherarse en los fuertes y aguardar refuerzos. El 19 de mayo de 1565 la flota otomana arribó a Malta bajo el mando del general Mustafa Pasha (ejército) y su yerno Piali Pasha (flota), cuyas constantes disputas debilitaron la coordinación otomana.
El asalto a San Elmo
El 29 de mayo los turcos iniciaron el asedio a la fortaleza de San Elmo, cuyo guarnición, reforzada, alcanzó los 564 hombres, de los cuales 64 eran caballeros. A pesar de los intensos bombardeos y de la caída parcial de los muros, los defensores lograron quemar vivos a cientos de jenízaros con proyectiles incendiarios.
Cuando la situación se volvió crítica, De Valette negó la petición de rendición, pues la resistencia de San Elmo retrasaba al enemigo y permitía la llegada de refuerzos del virrey de Sicilia.
El almirante turco Turgut Reis intentó cortar el suministro marítimo, pero fue alcanzado por una bala de cañón y murió gravemente.
El último día del fuerte
El 23 de junio los otomanos lanzaron el ataque final. Aproximadamente 20 000 soldados se enfrentaron a menos de 400 defensores. Los caballeros heridos fueron atados a sillas y arrojados contra la brecha del muro, donde fueron masacrados. El coronel Mas, comandante de la fortaleza, murió al filo de su espada.
Solo cinco malteses lograron saltar al mar y salvarse. Nueve caballeros, gravemente heridos, fueron capturados, crucificados y arrojados al agua como advertencia.
En respuesta, De Valette ordenó la decapitación de todos los prisioneros turcos y lanzó sus cabezas al campamento otomano. El asedio dejó unas 8 000 bajas turcas y alrededor de 1 500 entre los defensores.
Consecuencias
La resistencia heroica de San Elmo y la posterior victoria en la Gran Brecha marcaron el fin del expansionismo otomano en el Mediterráneo occidental y consolidaron a los Caballeros de San Juan como símbolo de defensa cristiana.