Los antiguos griegos concebían la Luna como un cuerpo celeste con tres fases distintas, cada una con efectos específicos sobre la Tierra y sus habitantes.
1. Luna nueva
Conocida como Neomenia, la luna nueva simbolizaba los inicios y la renovación. Se creía que influía en la mente humana, favoreciendo la apertura al cambio, la inspiración y la creatividad.
2. Luna llena
Denominada Selene o Panselinos, la luna llena era considerada la fase más poderosa. Se asociaba con las emociones y la intuición; bajo su luz, los sentimientos se intensificaban, lo que podía provocar pasión, sensibilidad extrema e incluso comportamientos delirantes, de ahí el origen del término "lunácida".
3. Luna menguante
Apodada Minoímeno, esta fase representaba la reflexión, la introspección y la liberación. Los griegos pensaban que, a medida que la Luna menguaba, su influencia sobre las emociones disminuía, permitiendo que la razón y la lógica prevalecieran.