Imperio Han (206 a.C. – 220 d.C.)
Fundado por Liu Bang, un campesino rebelde, el Imperio Han gobernó gran parte de China durante más de cuatro siglos, convirtiéndose en uno de los imperios más extensos y poblados de la historia.
Su capital era Chang'an (actual Xi'an). La economía se basaba en la agricultura, el comercio y la manufactura, y el periodo vio importantes avances tecnológicos como la brújula y la invención del papel.
Durante la dinastía Han florecieron el confucianismo y el budismo. El ejército expandió la influencia china en Asia Central y mantuvo relaciones tributarias con numerosos estados vecinos.
El declive se debió a la corrupción, conflictos internos y invasiones bárbaras, lo que provocó la fragmentación del imperio en tres reinos a principios del siglo III d.C.
Imperio Romano (27 a.C. – 395 d.C.)
Establecido por Augusto César, heredero de Julio César, el Imperio Romano dominó gran parte de Europa, el norte de África y el Oriente Medio durante casi cinco siglos.
Con Roma como capital, su economía también se sustentaba en la agricultura, el comercio y la industria. Entre sus innovaciones destacan los acueductos, el hormigón y una extensa red de carreteras.
El derecho y la organización gubernamental romanos dejaron una huella profunda en la civilización occidental. En el siglo IV, el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio.
Enfrentó crecientes presiones de tribus germánicas y otros enemigos, lo que llevó a su división en 395 d.C. en Imperio Romano de Occidente y de Oriente. El occidente cayó en el siglo V, mientras el oriente perduró hasta 1453.