Durante la Revuelta de los Campesinos de 1381 en Inglaterra, la mayoría de los insurgentes no disponía de armamento profesional. En su lugar recurrieron a objetos cotidianos del campo, adaptándolos como armas improvisadas.
Horcas y forcados
Herramientas agrícolas habituales, como las horcas, se empleaban tanto para apuñalar como para empujar. Su forma les permitía infligir puñaladas y golpes contundentes.
Instrumentos de labranza
Otros utensilios, como guadañas, hoces y palas, se transformaban en armas rudimentarias. Las guadañas podían usarse como cuchillos de largo alcance, mientras que las hoces y palas servían como armas de corta distancia.
Garrotes y bastones
Los campesinos fabricaban garrotes y bastones a partir de troncos robustos. Estos eran eficaces para golpear y romper la defensa del adversario en combates cuerpo a cuerpo.
Arcos y flechas
Algunos poseían arcos y flechas, lo que les permitía atacar a distancia aunque su uso no estaba tan extendido como el de otras armas.
Piedras y rocas
Ante la falta de armamento convencional, lanzar piedras y rocas contra los soldados y sus apoyos era una táctica frecuente.
Aunque estaban pobremente equipados frente a las fuerzas armadas y acorazadas enviadas para sofocar la rebelión, la determinación y la unidad de los campesinos supusieron un serio desafío para la autoridad.