Carne
La carne era un elemento básico en la dieta Tudor, pero el consumo de vacuno, cordero o cerdo estaba reservado a ocasiones especiales, como la Navidad, debido a su alto costo.
En su lugar, la población consumía carnes más económicas como el venado, el conejo y diversas aves de corral.
Los más pobres solían comer pescado salado, del cual existía una gran variedad preservada de esta forma. En áreas rurales también se cazaban pequeños animales, como ardillas y conejos, y se consumían palomas.
Pan y cereales
El pan constituía el alimento principal de la mesa Tudor. Los pobres se alimentaban de un pan rústico de centeno, mientras que los adinerados disfrutaban de un pan de trigo más fino y blanco.
Otros granos se utilizaban para preparar gachas, guisos y sopas, aportando energía a la dieta diaria.
Verduras
Las verduras eran abundantes, aunque generalmente se cocinaban hervidas. Entre las más consumidas estaban las zanahorias, nabos, chirivías, coles, cebollas, guisantes y habas.
Frutas
El acceso a la fruta estaba mayormente limitado a la nobleza, pues muchas tenían que ser importadas o conservadas. Uvas, peras, manzanas, naranjas y limones eran populares, aunque el higo era la fruta más frecuente en la mesa.
Bebidas
La bebida principal era la cerveza (ale), elaborada en la mayoría de los hogares. Los sectores acomodados también consumían vino. Los destilados eran evitados, pues se creía que eran “comida del diablo”.
Especias
Las especias eran sumamente caras y se utilizaban con mesura. Se pensaba que poseían propiedades curativas y preventivas. Entre las más usadas estaban el jengibre, la canela, los clavos, la nuez moscada y la macis.