Los pueblos germánicos son etnias indoeuropeas que se establecieron originalmente en el norte de Europa.
La mayor parte de la información que poseemos sobre los germanos proviene de la época de Julio César (100 a.C. - 44 a.C.), cuando el Imperio romano libró varias guerras contra ellos.
Origen
Los pueblos germánicos habitaban el norte de Europa, en territorios que hoy corresponden a Alemania, Austria, Dinamarca, Noruega, Suecia, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Reino Unido y parte de Francia.
Al no disponer de un alfabeto propio, no dejaron documentos escritos; por ello la arqueología es esencial para reconstruir su modo de vida.
A continuación se muestra el mapa con la ubicación de los principales reinos germánicos:

Tribus germánicas
Entre las tribus más relevantes se encuentran:
- Alamanes
- Alanos
- Bávaros
- Francos
- Frisos
- Lombardos
- Normandos
- Ostrogodos
- Sajones
- Suevos
- Vándalos
- Vikingos
- Visigodos
Ver también: Pueblos bárbaros
Organización social
Existía una clara división del trabajo por sexo: la mujer se encargaba de las labores agrícolas, del hogar y del tejido, vistiendo prendas de lana o lino que podían ser blancas, negras o teñidas de rojo.
Los hombres se dedicaban al pastoreo, la caza y la guerra, actividades continuas dado que las tribus estaban frecuentemente en conflicto.
Aunque había división laboral, las mujeres ocupaban un lugar especial en la jerarquía tribal, desempeñándose como sacerdotisas, curanderas, parteras y adivinas.

Organización política
Antes de la consolidación de los reinos germánicos, tras la caída del Imperio romano, la estructura tribal carecía de una jerarquía rígida.
Reyes, caudillos y sacerdotes ejercían su autoridad de forma circunstancial y basada en el consenso; las decisiones se tomaban por unanimidad en asambleas de hombres libres.
El grupo familiar era muy solidario y colectivamente responsable, especialmente para vengar ofensas o pagar el wergeld, la compensación por daño.
Este era un rasgo distintivo del derecho germánico: si una persona era asesinada o herida, el clan podía replicar el daño al agresor; si no se pagaba el wergeld, la deuda de sangre permanecía.
Viviendas y alimentación
Los germanos habitaban casas comunales de madera y barro, compartidas con animales; una tribu no superaba las veinte viviendas.
Su dieta se basaba en frutos secos, raíces y tubérculos; aunque la ganadería era su principal actividad, consumían poca carne.
Practicaban la agricultura y mantenían amplias extensiones de tierra libre como pastos para su ganado.
Mitos germánicos
La mitología germánica se asemeja mucho a la nórdica, tanto que algunos estudiosos las tratan como sinónimos.
Adoraban a diversos dioses que personificaban la naturaleza, virtudes y defectos humanos, como era típico del paganismo.
Así aparecen en sus relatos las valquirias y dioses como Odín, Thor y Freyja, también presentes en la tradición escandinava.
Ver también: Mitología nórdica
Contacto con el Imperio romano
Los primeros testimonios escritos sobre los germanos provienen de Julio César y del historiador Tácito, autor de la obra Germania.
César describió a los suevos de la siguiente manera: ... (cita omitida).
Fue César quien denominó “germánicos” a todos los habitantes al este del Rin. Sin embargo, estas tribus no constituían un bloque homogéneo y a menudo eran enemigas entre sí.
Caída del Imperio romano
A pesar de las guerras constantes, algunas tribus germánicas formaron parte del Imperio como federados o fueron contratadas como mercenarios.
El debilitamiento del ejército romano y la expansión germánica culminaron con la caída de Roma en el 476 d.C.
Cada tribu se asentó en distintas regiones del antiguo imperio, adaptó el derecho romano a sus costumbres y, gradualmente, se cristianizó, lo que dio origen al Sacro Imperio Romano Germánico.
Ver también: Pueblos eslavos