Descubrimientos arqueológicos

Tablillas cuneiformes con cálculos astronómicos de la órbita de Júpiter

Descubrimiento de las tablillas

Una de las noticias arqueológicas que marcó el inicio de 2016 fue el hallazgo en Mesopotamia de un conjunto de tablillas de arcilla con signos cuneiformes. Gracias a décadas de investigaciones, estos textos han podido ser transcritos y, recientemente, se ha publicado su traducción. Una de las piezas contiene un tratado de astronomía con cálculos para predecir el movimiento de Júpiter, lo que ilumina el conocimiento del firmamento que poseían los sabios babilónicos.

Estudio de la órbita joviana

El análisis de esa órbita, publicado en la revista Science, fue dirigido por el profesor Mathieu Ossendrijver, historiador de la ciencia de la Universidad Humboldt de Berlín. El estudio se basa en dos tablillas anteriores, datadas entre el 350 y el 50 a.C., que se encuentran en el British Museum desde 1955. La nueva tablilla, mucho mejor conservada, le permitió completar la investigación y demostrar que sus autores no solo utilizaban aritmética, como se creía, sino también geometría.

Geometría sin dibujos

Curiosamente, las tablillas no presentan ilustraciones; todo está descrito verbalmente. En ellas se explica el cálculo del área de un trapecio y, aunque la tablilla recién encontrada no menciona explícitamente la figura, contiene los mismos cálculos. Estos se aplican al desplazamiento orbital de Júpiter mediante una relación velocidad‑tiempo: la velocidad de Júpiter durante sesenta días puede representarse como un trapecio cuya área equivale a la distancia recorrida.

Tablillas cuneiformes con cálculos astronómicos de la órbita de Júpiter

Paralelismos con la ciencia posterior

Según los expertos, los astrónomos babilónicos alcanzaron un nivel comparable al de los científicos de la época del Renacimiento, cuando en el College de Merton (Oxford) se formuló el llamado teorema de Merton, basado en un método similar. En el siglo XIV, el obispo y filósofo escolástico Nicole Oresme realizó trabajos análogos en París. Los astrónomos griegos antiguos también emplearon relaciones velocidad‑tiempo, aunque sin recurrir a cuerpos trapezoidales para demostrar sus resultados.

El desafío de la escritura en arcilla

El trabajo de Ossendrijver, publicado en Science, resulta aún más impresionante si se tiene en cuenta el formato primitivo de la escritura mesopotámica: arcilla húmeda sobre la que se realizaban incisiones con una cuña, empleando un alfabeto de caracteres geométricos. Transmitir conceptos tan precisos bajo esas condiciones suponía una gran dificultad.

Origen y evolución del cuneiforme

El cuneiforme nació para la contabilidad y la administración—registro de transacciones comerciales, recuento de granos, carga de embarcaciones o cálculo de impuestos. Los pictogramas sumerios, creados hace unos cuatro mil años, fueron sustituidos por símbolos con valor fonético durante la expansión de Akkad, lo que permitió que la escritura se extendiera a soportes como piedra y metal.

Tablillas cuneiformes con cálculos astronómicos de la órbita de Júpiter

Desciframiento y legado

El alfabeto cuneiforme evolucionó y, aunque fue reemplazado por sistemas más prácticos, dejó un legado inmenso: cientos de miles de tablillas excavadas desde el siglo XVII. Su desciframiento se logró a principios del siglo XIX gracias a la inscripción trilingüe de Behistún (persa antiguo, babilónico y elamita), la “Piedra de Rosetta” mesopotámica.

Esa inscripción, que celebra las hazañas del rey persa Darío I, permitió a los asiriólogos Henry Rawlinson y Edward Hincks traducir el resto del corpus cuneiforme. Más tarde, Julius Oppert y William Henry Fox Talbot completaron gran parte del proceso, aunque todavía persisten secuencias de signos cuya interpretación es objeto de debate.

Más allá de la contabilidad

Aunque la mayor parte de las tablillas tratan temas administrativos, muchas se desvían de la norma y abordan otros campos: astronomía, legislación (como el famoso Código de Hammurabi), mapas, medicina, religión, listas de reyes, relatos de batallas e incluso recetas de cocina, consideradas las más antiguas de la historia.