Introducción
Hace unos días, en el artículo dedicado a la protoescritura neolítica hallada en caparazones de tortuga, revisamos su parecido con los huesos oraculares de la China Shang. Surge la duda: ¿qué eran exactamente esos objetos? ¿A qué época pertenecen? ¿Cuál fue su origen y utilidad?
Materiales y forma
Aunque se les llama huesos, el conjunto también incluye caparazones de tortuga. Predominan los huesos, sobre todo omóplatos de ganado (vacas, ovejas, caballos y cerdos), aunque también se hallan cráneos, costillas y restos de animales salvajes e incluso casos aislados humanos.

Probablemente fueron sacrificados con fines religiosos. Lo realmente curioso, más allá de su antigüedad de varios milenios, es que sirvieron como soporte de escritura mucho antes de que existiera el papel o materiales similares. En esencia, los huesos oraculares son documentos escritos.
Los primeros textos chinos
Las primeras inscripciones cerámicas son anteriores, pero no constituyen un lenguaje articulado. En los huesos oraculares aparece un sistema ideográfico de alrededor de cuatro mil caracteres (aproximadamente tres mil ya descifrados) que registraba rituales mágicos y piro‑mánticos, grabados con pincel o a veces tras un incisión preliminar y pulido de la superficie.

La piro‑mancia era el arte de adivinar mediante la interpretación de colores, crujidos de los huesos al calentarse o la forma de las llamas. Los pictogramas imitaban la forma que quedaba en el hueso después de romperlo y enterrarlo en una fosa ad hoc. Aunque prácticas similares existían en el mundo clásico (por ejemplo, las sacerdotisas de Atenea y Hefesto en la Grecia antigua), la relación entre hueso y adivinación es una tradición china que se remonta al Neolítico.
Contexto geográfico y cultural
El escenario es el valle del río Amarillo, abarcando la mitad norte de la actual provincia de Henan, la mitad sur de Hebei, el oeste de Shandong, la zona más septentrional de Anhui y el noroeste de Jiangsu. Allí se desarrolló la dinastía Shang, también conocida como Yin, la segunda en la historia china y la primera con evidencia documental, pues la legendaria Xia no dejó textos escritos.

Los Shang, que desplazaron a los Xia gracias a una agricultura más avanzada, fueron los verdaderos inventores de la forma de escritura china más antigua conservada. Se han hallado cerca de doscientos mil piezas con signos arcaicos dispuestos en un patrón recurrente: pregunta, respuesta y confirmación del resultado. Estas inscripciones aportan valiosa información sobre política, economía, arte, religión y otros aspectos de la cultura Shang.
Chronología
El uso de los huesos oraculares se concentra en los últimos dos siglos y medio del periodo Shang (aprox. 3.200 años atrás). Gracias a ellos se conoce la genealogía completa de la dinastía, que tuvo treinta soberanos. La datación exacta es controvertida porque los historiadores discrepan sobre cuándo los Shang fueron sustituidos por los Zhou, evento que se sitúa habitualmente alrededor del 1122 a.C.; por lo tanto, los huesos oraculares se ubican entre los siglos XIV y XI a.C., con una fecha máxima aproximada de 1050 a.C.

La mayor parte de los ejemplares provienen del reinado de Wo Ding, el quinto rey, y se extienden hasta Di Xin, el último. Antes de estos monarcas no se han encontrado huesos oraculares (o aún no se han descubierto) y después de ellos son escasos, pues los adivinos cambiaron su técnica y adoptaron la adivinación con semillas de artemisa y, sobre todo, la consulta del I Ching, un libro cosmogónico basado en 64 hexagramas.
Redescubrimiento en el siglo XIX
Los huesos quedaron en el olvido hasta el siglo XIX, cuando un accidente arqueológico los devolvió a la luz. En 1899, el alto funcionario de la dinastía Qing, Wang Yirong, enfermo de malaria, preparó un remedio tradicional que utilizaba “huesos de dragón”, vendidos en los mercados para usos medicinales o como afiladores de armas. Al moler los huesos, Wang y su amigo Liu E, ambos eruditos, notaron incisiones que recordaban los caracteres de antiguas placas de bronce.

Liu E publicó un estudio que abrió la puerta a la investigación científica de los huesos oraculares. A partir de entonces se realizaron decenas de campañas arqueológicas; los investigadores compraban huesos en los mercados (a veces falsos) y excavaban en el yacimiento principal de Anyang. Entre 1928 y 1937, la arqueóloga Li Ji descubrió alrededor de veinte mil piezas, que no solo revelaron textos, sino también los primeros restos materiales de la dinastía Shang. Hoy gran parte de esa colección pertenece a la Academia Sinica de Taiwán, que conserva cerca del diez por ciento del total mundial.