Descubrimientos arqueológicos

Los primeros agricultores europeos medían menos de lo que se creía

Un estudio conjunto de genética y restos óseos revela que la transición de la caza, recolección y forrajeo a la agricultura, ocurrida hace unos 12 000 años en Europa, pudo haber tenido efectos negativos en la salud, evidenciados por la estatura más baja de los primeros agricultores.

Los estudios recientes han intentado cuantificar la contribución del ADN a la altura, explicó Stephanie Marciniak, profesora asistente de investigación en la Universidad Estatal de Pensilvania. Nos preguntamos cómo afectó la transición a la agricultura sedentaria a la salud, y usamos la estatura como indicador.

En colaboración con George H. Perry, profesor asociado de Antropología y Biología en la misma universidad, y más de 40 investigadores internacionales, Marciniak analizó la altura de individuos que vivieron antes y durante los periodos Neolítico, Edad del Cobre, Bronce y Hierro. Se midieron los huesos largos de restos esqueléticos que también habían sido muestreados para pruebas de ADN antiguo.

Los autores construyeron un modelo que combina la estatura adulta, indicadores de estrés óseo y datos de ADN antiguo, incorporando también pistas genéticas de ascendencia. Los resultados fueron publicados en la última edición de Proceedings of the National Academy of Sciences.

Nuestro enfoque es único porque utilizamos medidas de altura y ADN antiguo de los mismos individuos, señaló Marciniak. La transición a un estilo de vida agrícola no ocurrió simultáneamente en toda Europa, sino en diferentes regiones y momentos.

Los primeros agricultores europeos medían menos de lo que se creía

Se estudiaron 167 individuos que vivieron entre hace 38 000 y 2 400 años. Entre ellos había personas preagrícolas y los primeros y posteriores agricultores. Los resultados mostraron que, considerando su potencial genético de altura, los individuos neolíticos eran, en promedio, 3,8 cm más bajos que los preagrícolas y 2 cm más bajos que los de la Edad del Cobre.

Asimismo, la estatura aumentó de forma constante en periodos posteriores: +1,96 cm en la Edad del Cobre, +2,69 cm en la Edad del Bronce y +3,28 cm en la Edad del Hierro respecto al Neolítico.

Actualmente sabemos que el 80 % de la altura está determinado genéticamente y el 20 % por el entorno, indicó Marciniak. Aún no se han identificado todas las variantes genéticas asociadas a la estatura. La transición a la agricultura no siempre provocó una disminución de la altura, aunque sí ocurrió en algunas regiones de Europa.

El equipo también analizó la ascendencia genética. Hubo movimientos poblacionales, generalmente de este a oeste, comentó. Queríamos considerar esas migraciones, que podrían haber traído distintas proporciones de variantes genéticas vinculadas a la altura.

Al incluir la información de ascendencia, la reducción de estatura en el Neolítico se atenuó ligeramente, indicando que el efecto no era tan extremo. Este trabajo requiere estudios con conjuntos de datos más amplios, afirmó Marciniak. Representa una instantánea de un proceso dinámico y matizado; necesitamos más investigación para entender por qué la altura alcanzada se desvía de la prevista genéticamente durante la adopción de la agricultura.

Los autores creen que su metodología puede adaptarse a otros estudios de salud humana del pasado y aplicarse en distintos contextos.