Descubrimientos arqueológicos

Así descubrieron los arqueólogos el origen de la leyenda del rey Midas, que convertía en oro todo lo que tocaba

Los tres reyes Midas

La leyenda del rey Midas, famoso por convertir en oro todo lo que tocaba, está vinculada a al menos tres monarcas diferentes de la Frigia. El primero, protagonista de la tradición, fundó junto a su padre la ciudad de Gordio, la capital frigia (actual Yassıhüyük, a 80 km al suroeste de Ankara, Turquía). Ambos están asociados al famoso nudo de Gordio, que Alejandro Magno cortó con su espada.

Este Midas y su padre vivieron en el segundo milenio a.C., antes de la Guerra de Troya, aunque Homero no los menciona en la Iliada. Heródoto los sitúa antes de la migración frigia a Asia Menor, ubicando un "Jardín de Midas" en Tracia.

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Otro Midas reinó a finales del siglo VIII a.C. Según Estrabón, se suicidó bebiendo sangre de toro cuando los cimérios asediaron Gordio alrededor de 710 a.C. En textos asirios aparece como Mita y pidió ayuda al rey Sargón II.

La mayoría de los historiadores identifica a este como el Midas que, según Heródoto, ofreció un trono al santuario de Delfos, siendo el primer extranjero en hacerlo.

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El tercer Midas es mencionado por Heródoto como abuelo de Adrasto; se refugió en la corte lidia de Creso después de matar accidentalmente a su hermano. Creso gobernó entre 560 y 546 a.C., lo que sitúa a este Midas en la mitad del siglo VI a.C.

El descubrimiento de Gordio

La ubicación de Gordio permaneció desconocida hasta 1892, cuando ingenieros que construían la rama del ferrocarril Berlín‑Bagdad encontraron varios túmulos artificiales en una cantera. Alertaron al filólogo Alfred Körte, quien identificó el sitio. En 1900, él y su hermano, el arqueólogo Gustav Körte, iniciaron las primeras excavaciones, que duraron un año.

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Las investigaciones se reanudaron en 1950 bajo la dirección del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Pennsylvania, liderado por Rodney Young, ex‑espía aliado en Grecia durante la II Guerra Mundial. Hoy continúa la labor del profesor C. Brian Rose, también co‑director de las excavaciones troyanas.

El Tumulus MM: la tumba real

En 1957 el equipo de Young descubrió bajo un túmulo de 53 m de altura y 300 m de diámetro una cámara funeraria excepcional. No era un hallazgo cualquiera: contenía los restos de un banquete fúnebre y la mejor colección de vasos de la Edad del Hierro jamás encontrada.

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La tumba, de 5,15 × 6,2 m y 3,25 m de altura, albergaba un sarcófago de madera y el esqueleto de un hombre de 1,59 m, de unos 60 años, envuelto en lujosas telas azules y púrpuras. Su cráneo estaba deformado por vendajes y tablas desde la infancia, una práctica que señalaba la realeza. Rose describió la sepultura como “claramente construida para un rey, con los mejores carpinteros e ingenieros, diseñada para durar eternamente”. Sin documentos que lo corroboren, se denominó Tumulus MM, “la tumba de Midas”.

Los suelos eran de cedro, las paredes interiores de pino y las exteriores de enebro. La datación por radiocarbono y dendrocronología sitúa su construcción alrededor de 740 a.C., unos 30 años antes de la muerte del Midas que se suicidó frente a los cimérios. Los expertos concluyen que, con alta probabilidad, pertenece al padre de ese rey.

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El banquete

Dentro se halló una gran mesa incrustada y catorce mesas menores, sobre las que reposaban tres grandes vasos decorados, 167 cuencos, cucharas y jarras de bronce; algunos cuencos llevaban el nombre del propietario. Curiosamente, los arqueólogos nunca lavaron la vajilla, lo que permitió analizar los restos alimenticios con espectroscopía infrarroja, cromatografía y espectrometría de masas.

Se reconstruyó la comida: guiso picante de cordero o cabra con lentejas, toques de miel y aceite de oliva. La bebida era una mezcla de vino, cerveza de cebada y hidromiel, descrita por Patrick McGovern como “profundamente amarilla, como el oro”.

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El origen del toque dorado

El análisis de los tejidos de la mortaja y otros fragmentos de ropa reveló la presencia de goetita (α‑Fe₃⁺O(OH)), un óxido de hierro de color rojo‑marrón o amarillento con brillo adamantino. Según el profesor Rose, este pigmento podría explicar la legendaria “toque de oro” de Midas. Los frigios no poseían mucho oro, pero sus vestiduras tratadas con goetita brillaban como si fueran de oro. Un visitante extranjero, al ver esas ropas relucientes, habría pensado que estaban hechas de oro, dando origen a la mítica historia que los propios reyes perpetuaron como título familiar.

Perspectivas futuras

Las excavaciones continúan en Gordio en busca de la auténtica tumba del rey Midas. Hasta la fecha sólo se han investigado 44 de los 124 túmulos identificados, por lo que es probable que nuevos hallazgos sigan sorprendiendo.