Descubrimientos arqueológicos

Giovanni Battista Belzoni: el pionero de la egiptología que desenterró Abu Simbel y abrió la pirámide de Kefrén

Los inicios de la arqueología y la figura de Belzoni

La arqueología, y en especial la egiptología, empezó a tomar forma entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX. Nombres como Jean‑François Champollion, Karl Richard Lepsius o William Flinders Petrie son hoy familiares, pero ninguno fue tan decisivo en sus comienzos como el italiano Giovanni Battista Belzoni.

De Padua al circo londinense

Belzoni nació en Padua (entonces parte de la República de Venecia) en 1778, hijo de un barbero humilde y hermano de catorce hermanos. Tras una breve etapa como monje, la ocupación francesa de Roma en 1798 lo obligó a huir. Tras pasar por los Países Bajos y Inglaterra, conoció a Sara Bane, una mujer de espíritu aventurero. En 1813 se casaron y se unieron a un circo itinerante, donde el gigantesco Belzoni, de más de dos metros de altura, actuaba como «hombre fuerte».

En el circo descubrió la fantasmagoría, un espectáculo de proyecciones terroríficas, y se interesó por la mecánica. Diseñó dispositivos hidráulicos que utilizó en Covent Garden, conocimientos que más tarde le serían útiles en Egipto.

El primer viaje a Egipto

En 1812, tras una gira europea vendiendo un diseño de rueda hidráulica, Belzoni contactó al diplomático egipcio Ismael Gibraltar. El interés del virrey Muhammad Ali por la modernización le abrió las puertas a Egipto, donde el italiano decidió quedarse a pesar de que su invento fue rechazado.

Giovanni Battista Belzoni: el pionero de la egiptología que desenterró Abu Simbel y abrió la pirámide de Kefrén

Primeras hazañas: el busto de Ramsés II y el obelisco

Gracias a su amistad con el historiador suizo Jacob Burckhardt y al consulado británico de Henry Salt, Belzoni recibió la misión de trasladar el enorme busto de Ramsés II (erróneamente llamado «Joven Memnón») del Ramesseum al Museo Británico. Con palancas y rodillos, y la ayuda de 130 hombres, lo movió en 17 días.

El éxito le valió más encargos, como rescatar un obelisco que se hundió en el Nilo mientras era transportado a Alejandría, usando un andamio flotante.

Abu Simbel: la lucha contra la arena

En 1815 acompañó a William Beechey a Abu Simbel para intentar desenterrar los templos excavados por Burckhardt. Miles de toneladas de arena bloqueaban el acceso. Tras dos intentos, en 1817, Belzoni logró retirar suficiente arena para abrir parcialmente la entrada, aunque encontró pocos objetos para coleccionistas y los templos volvieron al olvido durante años.

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El Valle de los Reyes y la pirámide de Kefrén

Ese mismo año, Belzoni excavó en el Valle de los Reyes, descubriendo las tumbas de los faraones Ay y Ramsés I, y extrayendo sus tesoros para venderlos –práctica habitual en la arqueología de la época. Más tarde halló la tumba de Seti I, conocida entonces como «la tumba de Belzoni», y estudió los templos de Philae, Edfu y Elephantine.

En 1818, convencido de que las pirámides aún guardaban secretos, entró en la pirámide de Kefrén (Khafre), dejando una inscripción que dice: Scoperta da G. Belzoni 2 Mar. 1818. También exploró el oasis de El‑Wahat el‑Bahariya y las ruinas de Berenice Troglodítica.

Giovanni Battista Belzoni: el pionero de la egiptología que desenterró Abu Simbel y abrió la pirámide de Kefrén

Publicación y fama en Europa

De regreso a Londres en 1820, Belzoni publicó Narrative of the operations and recent discoveries within the pyramids, temples, tombs and excavations in Egypt and Nubia, obra que incluía el relato de Sara sobre la vida de las mujeres egipcias, nubias y sirias. El libro se convirtió en bestseller y fue traducido a varios idiomas, impulsando una exposición en el Egyptian Hall de Londres que más tarde pasó a albergar espectáculos de espiritismo.

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Últimos años y trágico final

En 1822 la exposición se trasladó a París, pero en 1823 Belzoni y Sara regresaron a África, intentando alcanzar Timbuctú. El sultán de Marruecos les negó el paso y se vieron obligados a rodear el Golfo de Guinea, llegando al reino de Benín. Allí Belzoni fue encarcelado y murió de disentería en 1823, según relatos de Sir Richard Burton.

Sara logró escapar a Inglaterra, pero quedó sin recursos. Su intento de exhibir los dibujos de su marido fracasó y tuvo que vender la colección arqueológica. Solo en 1851 obtuvo una pensión gracias al apoyo de amigos y falleció en 1870.