Descubrimiento
Arqueólogos de la misión francesa que trabaja en el yacimiento de Kunara, en el Kurdistán iraquí, han desenterrado los restos de una ciudad desconocida de aproximadamente 4.000 años de antigüedad, que floreció en los límites del primer gran imperio mesopotámico, el acadio.
Ubicación
Situada en las estribaciones de las montañas Zagros, sobre dos pequeñas colinas a orillas del río Tanjaro y a unos 5 km de Sulaymaniyah, capital del Kurdistán iraquí, Kunara parece haber sido el núcleo de un reino periférico que se mantuvo al margen de la influencia mesopotámica.
Fundaciones monumentales
Según Aline Tenu, directora de la misión, se han descubierto grandes cimientos de piedra, de varios metros de longitud, tanto en la zona alta como en la baja del asentamiento. Los análisis los sitúan a finales del tercer milenio, alrededor del 2200 a.C., lo que confirma que las estructuras monumentales fueron erigidas hace más de 4.000 años.
Economía y estilo de vida
Los investigadores hallaron evidencia de ganadería, riego y agricultura, lo que indica una ciudad próspera habitada por pobladores de montaña en la frontera occidental del Imperio acadio.
Entre los hallazgos destacan numerosas tabletas de arcilla de unos 10 cm² con escritura cuneiforme.
Posible vínculo con los lullubi
Los arqueólogos creen que los habitantes de Kunara podrían estar relacionados con la estela de Naram‑Sin, exhibida en el Louvre, que muestra al rey acadio triunfando sobre un pueblo de montaña, los lullubi, a quienes los mesopotámicos describían como bárbaros. Aline Tenu sugiere que la ciudad podría haber sido una de las capitales lullubi.
De confirmarse la hipótesis, la visión de los lullubi como un pueblo aislado cambiaría radicalmente, ya que se han encontrado herramientas y moldes de metal que demuestran intercambios con Anatolia y el Cáucaso.
Materiales y restos animales
Se recuperaron fragmentos de cerámica, algunos decorados con motivos zoomorfos, huesos de oso y león (posibles trofeos de caza) y los restos de dos caballos, un hallazgo excepcional para el tercer milenio.
Restos de cabras, ovejas, vacas y cerdos indican un sistema ganadero, mientras que una red de canales de riego al sur del asentamiento evidencia el cultivo de cereales, principalmente cebada y malta.
Escritura y administración
Los escribas de Kunara registraron sus actividades en tabletas de arcilla. Las primeras analizadas, halladas en un edificio de la zona baja, detallan entradas y salidas de harina y utilizan los términos Ensi (gobernante) y Sukkal (alto dignatario), lo que sugiere una administración basada en el modelo mesopotámico.
Otro conjunto de tabletas, encontradas en otro sector, describe graneros con capacidades superiores a los 2 000 litros. Curiosamente, la unidad de medida empleada no es el tradicional gur acadio, sino el gur de Subartu, desconocido hasta ahora, lo que podría interpretarse como una señal de independencia.
Lengua y nombres propios
En las tabletas aparecen nombres como Khabaya o Ninarshuna, ajenos al corpus asirio‑babylonio. Aunque están escritas en cuneiforme, estos nombres no suenan mesopotámicos, lo que sugiere que Kunara tenía su propia lengua.
Lo único que no se menciona es el nombre original de la ciudad, que según Aline Tenu fue devastada por un incendio hace 4 000 años y nunca se recuperó.