Descubrimientos arqueológicos

Una dosis de neandertal, un dedo de Denisova

Durante su larga migración, el Homo sapiens se cruzó y se cruzó con otras especies humanas que hoy están extintas. Esa hibridación está escrita en nuestro ADN.

Una dosis de neandertal, un dedo de Denisova

Artículo extraído del número 204 de Indispensables de Sciences et Avenir (enero/marzo 2021).

El ADN no miente: los homínidos –todos los miembros del género Homo y sus parientes australopitecos– no evolucionaron en aislamiento. En varios momentos se encontraron, se aparearon y dejaron descendencia.

Uniones mixtas y el cromosoma Y

Cuando el Homo sapiens salió de África hace unos 60 000 años, se topó con los neandertales (Homo neanderthalensis), una especie robusta con cara ancha y proyección orbital pronunciada. De ese encuentro nacieron niños; algunos de ellos permanecieron en la población sapiens y su ADN neandertal se conservó durante milenios, aun cuando los neandertales desaparecieron.

Durante mucho tiempo se creyó que esas hibridaciones solo producían hijas, pues la combinación de dos cromosomas X sería más estable. Estudios recientes, sin embargo, demuestran que también nacieron machos. Para confirmar esto, genetistas del Instituto Max‑Planck reconstruyeron el cromosoma Y neandertal a partir de fragmentos de tres machos neandertales y dos individuos denisovanos.

El resultado fue sorprendente: el cromosoma Y neandertal proviene de una línea Homo sapiens que emigró fuera de África entre 150 000 y 370 000 años atrás. La razón exacta de esta transferencia sigue siendo un misterio, al igual que el posible beneficio que aportó al neandertal.

En los humanos modernos conservamos muy poca señal de ese cruce. Entre el 1 % y el 4 % de nuestro genoma procede de neandertales, con una media del 2‑3 % en europeos y ligeramente más en asiáticos. Las variaciones entre poblaciones pueden explicarse por distintas hipótesis: mayor número de contactos en Asia, cuellos de botella poblacionales que fijaron los fragmentos, o la presencia de un poblador “eurasiático basal” aún desconocido.

Los africanos también portan trazas neandertales, aunque en menor proporción (≈0,3 % del genoma). Un nuevo método de análisis sugiere que algunos grupos sapiens regresaron a África después de haber mezclado con neandertales, pero la evidencia directa aún falta.

Siguiendo las costas del Océano Índico

Otro pariente cercano, el Homo denisovensis, dejó su huella en los humanos que se desplazaron hacia el este. El primer esqueleto completo proviene de una falange hallada en la cueva de Denisova, Siberia, de la que se obtuvo un genoma de alta calidad.

Los sapiens se mezclaron con denisovanos varios milenios después del contacto con neandertales. Hoy podemos detectar su legado principalmente en poblaciones del sudeste asiático y en melanesios, donde entre el 2 % y el 3,7 % del genoma proviene de Denisova. En Asia Oriental se identifican dos oleadas distintas de admixtura denisovana, lo que indica la existencia de varios grupos denisovanos contemporáneos.

La escasez de muestras arqueológicas hace que gran parte de esta historia sea inferida a partir del ADN, pero los patrones genéticos revelan una compleja red de contactos entre homínidos.

La modesta influencia de los neandertales

Muchos de los genes heredados de neandertales están vinculados a la respuesta inmune, una ventaja en los entornos cambiantes que enfrentó el Homo sapiens al salir de África. Otros genes, como FOXP2 (relacionado con el lenguaje) o los involucrados en la fertilidad, no presentan variantes neandertales, lo que sugiere que esas combinaciones fueron desfavorables y desaparecieron.

Algunos rasgos actuales, sin embargo, pueden tener su origen en esa herencia arcaica. Estudios recientes asocian variantes neandertales con la susceptibilidad a enfermedades como la esquizofrenia, la depresión o la respuesta al COVID‑19. En la mayoría de los casos la contribución es pequeña, pero muestra cómo episodios antiguos pueden dejar huellas duraderas.

Por Agnes Vernet