Los colores originales de las estatuas de la Antigüedad
Contrario a la creencia popular, las estatuas griegas y romanas no eran blancas. El arqueólogo alemán Vinzenz Brinkmann, durante más de treinta años, ha estudiado los restos de pigmento en el mármol y ha creado réplicas a tamaño natural con los colores que, según su investigación, cubrían estas obras.
Rayos X, infrarrojo y ultravioleta
El mármol es el testimonio más duradero de la escultura grecorromana, pues a diferencia del bronce puede ser reutilizado en tiempos de guerra. Gracias a tecnologías como lámparas de alta intensidad, luz ultravioleta (UV) e infrarroja, y análisis de rayos X, los científicos pueden detectar los compuestos orgánicos que fluorescen bajo UV y distinguir los pigmentos según su absorción y reflexión en distintos espectros.
Una vez identificados los colores, se moldean réplicas idénticas y se pintan a mano, recreando tonos que datan de hace unos 2 500 años.
Debates sobre la fidelidad cromática
Las reconstrucciones de Brinkmann no son unánimes. Myriam Serck‑Dewaide, del Royal Institute for Artistic Heritage de Bruselas, señala que “en cuanto a la representación del color, las reconstrucciones son pobres”. Según ella, las áreas planas y los tonos llamativos no reflejan la sutileza de la policromía que se observa en frescos y cerámicas helénicas.
Philippe Walter de la Universidad Pierre y Marie Curie añade que el aspecto final depende no solo del pigmento, sino también del aglutinante y de posibles capas subyacentes. Otros estudios demuestran que los griegos mezclaban varios pigmentos para crear efectos de sombra y luz.
Impacto cultural
Para el público, la idea de que las esculturas estaban coloreadas obliga a reconsiderar la estética de edificios neoclásicos, del Panteón, la Casa Blanca e incluso de nuestras catedrales, que originalmente brillaban con múltiples tonalidades. Como escribió Ernest Hemingway en Adiós a las armas: “Siempre me parecieron aburridas las esculturas, pero al menos los bronces tenían algo, mientras que los bustos de mármol parecían cementerios”. Quizá, de haber visto la exposición Gods in Colour, su opinión habría cambiado.