Descubrimientos arqueológicos

No, Lucy no se suicidó al caer de un árbol

Science and the Future pidió a un tafonomista y arqueozoologo francés que analizara las supuestas "fracturas" de Australopithecus. El veredicto: fueron producidas después de su muerte…

No, Lucy no se suicidó al caer de un árbol

«Parece que Lucy no se quitó la vida cayendo de un árbol», afirma Christophe Griggo, arqueozoologo y tafónomo del laboratorio Edytem de la Universidad de Savoie‑Mont‑Blanc y docente de la Universidad de Grenoble‑Alpes. Griggo volvió a examinar, para Sciences et Avenir, los restos óseos de Lucy, el Australopithecus afarensis descubierto en 1974 en el Afar etíope. En un estudio publicado en Nature, el antropólogo John Kappelman (Universidad de Texas, Austin) sostenía que este australopiteco arbóreo y bípedo se habría suicidado al caer de un árbol, provocándose múltiples fracturas.

¿Fracturas premortem o postmortem?

Christophe Griggo es especialista en arqueozoología, la ciencia que estudia restos animales para entender su relación con los humanos, y en tafonomía ósea. La tafonomía se ocupa de todos los procesos naturales o antropogénicos que pueden afectar a los huesos desde la muerte del organismo hasta su descubrimiento. Su experiencia le permite distinguir si una rotura se produjo antes de la muerte (ante mortem) o después (post mortem), por deslizamientos, compactación del sedimento u otras causas.

En su labor ha analizado decenas de miles de huesos prehistóricos que cayeron en sumideros; en raras ocasiones logró identificar la firma inequívoca de una caída. En el caso de Lucy, esa huella no está presente.

Hueso fresco vs. hueso seco

«Al leer el artículo de Nature y al observar detenidamente las ilustraciones —y más imágenes del esqueleto de Lucy— me parece que Kappelman y su equipo están aprovechando la fama de Lucy para generar bombo», señala Griggo. «La morfología de las fracturas indica que, con gran probabilidad, se trata de problemas tafonómicos postmortem».
Ejemplos: «El extremo proximal del húmero, la meseta tibial, el sacro, la pelvis, la tibia distal y el fémur distal presentan aplastamientos que podrían corresponder a movimientos o compactación del sedimento». El suelo puede compactarse bajo el peso de los sedimentos o deslizarse ligeramente, incluso después de evaporarse el agua.

«Las fracturas de los huesos largos, como el húmero, suelen ser perpendiculares al eje longitudinal y su aspecto irregular es típico de huesos secos, es decir, roturas que ocurren mucho tiempo después de la muerte», explica Griggo.

La clave está en la superficie de la fractura

Griggo se sorprende de que Kappelman no haya analizado la morfología de las superficies de las fracturas. «Esta es la observación esencial que todo arqueozoologo hace para distinguir roturas en huesos frescos de las que se producen en huesos secos. Cuando un hueso fresco se rompe —por caída, accidente o extracción de médula— aparecen fracturas espirales con superficies lisas. En cambio, los huesos secos, que han perdido colágeno, presentan roturas perpendiculares o paralelas al eje y superficies irregulares».

Otras hipótesis

El investigador francés comparte las dudas de Donald Johanson (Universidad Estatal de Arizona) y Tim White (Universidad de California, Berkeley), quienes también participaron en el hallazgo de Lucy hace 42 años junto al paleoantropólogo francés Yves Coppens.

Johanson, citado por The Guardian, sugiere que Lucy podría haber sido pisoteada por una manada después de su muerte, antes de quedar sepultada por los sedimentos. «Hay innumerables explicaciones para esas fracturas; la teoría de la caída del árbol es solo una de muchas y es imposible probarla», afirma.

White califica las “grietas” del esqueleto como «daños rutinarios a fósiles», habituales en el trabajo de campo. «Si aplicáramos la misma lógica a los cientos de mamíferos cuyas huesos se deforman por fuerzas geológicas, terminaríamos diciendo que jirafas, hipopótamos, rinocerontes e incluso elefantes trepadores se caen de las ramas», comenta con ironía.

Conclusión

El misterio sobre las circunstancias de la muerte de Lucy, hace 3,2 millones de años, sigue sin resolverse. Lo que sí parece claro es que el esqueleto llegó a nosotros casi completo porque fue sepultado rápidamente, lo que lo protegió de la intemperie y de los carroñeros. En la década de 1980, algunos investigadores incluso plantearon la hipótesis de que Lucy pudo haber muerto ahogada en los depósitos aluviales de un antiguo río.