¿Se vendieron los restos de los soldados de Waterloo como compost?
En la sangrienta batalla de Waterloo, miles de soldados perdieron la vida, pero apenas se han hallado restos humanos. Un nuevo estudio del profesor Tony Pollard, de la Universidad de Glasgow, plantea que la mayoría de esos cuerpos fueron destinados a la producción de fertilizante, aunque el caso aún no está cerrado.
Fuentes históricas
En un artículo publicado en el Journal of Conflict Archaeology, exactamente 207 años después de la batalla, el profesor Pollard –director del Center for Battlefield Archaeology– presenta datos originales extraídos de cartas, memorias y dibujos de los visitantes que recorrieron el campo en los días posteriores a la derrota de Napoleón.
Entre esas fuentes destaca la correspondencia del comerciante escocés James Ker, residente en Bruselas, quien describió a los muertos que encontraba en sus brazos. 
Los testimonios coinciden en señalar la ubicación de al menos tres fosas comunes que podrían contener hasta 13 000 cuerpos. Sin embargo, la evidencia arqueológica directa sigue siendo escasa.
El negocio del hueso como fertilizante
Pollard explica que, a principios del siglo XIX, varios periódicos ya hablaban de la importación de huesos humanos de campos de batalla europeos para convertirlos en “bone meal”, un fertilizante muy apreciado, sobre todo en las Islas Británicas. Los huesos se molían y se distribuían como un valioso recurso agrícola.
Según el investigador, “Waterloo atrajo a visitantes casi en cuanto el humo de los cañones se disipó. Muchos llegaron a robar objetos de los muertos, incluso dientes para prótesis, y otros, motivados por el lucro, buscaban fosas comunes para extraer huesos”. 
Los habitantes locales podrían haber indicado la ubicación de las fosas a estos agentes, o incluso haber colaborado en la excavación. Algunas guías de viaje de la época describían los pozos con tanto detalle que, según Pollard, “funcionaban como mapas del tesoro con una X marcada”.
Investigación arqueológica actual
Para confirmar estas hipótesis, Pollard, como Senior Scholar y Director Arqueológico de la organización benéfica Waterloo Uncovered, liderará un ambicioso estudio geofísico de varios años. El proyecto contará con veteranos que participarán en los trabajos de campo, combinando sus experiencias con la pericia de arqueólogos de clase mundial.
“El siguiente paso es volver a Waterloo y mapear las fosas a partir del análisis de los relatos de los primeros visitantes”, afirma Pollard. “Si se excavaran restos humanos a gran escala, deberíamos encontrar evidencias arqueológicas de los pozos, aunque sean fragmentarias”.
Hasta la fecha, los hallazgos son escasos: en 2015 se descubrió un esqueleto durante la construcción de un museo y su aparcamiento; en 2019 el equipo de Waterloo Uncovered encontró huesos de piernas amputadas en la antigua enfermería aliada; y el museo de Waterloo conserva otro esqueleto de procedencia incierta. No se han hallado fosas comunes de la magnitud sugerida.
Los próximos años de prospección geofísica y excavaciones podrían ofrecer una imagen definitiva del destino de los muertos de Waterloo.