La arqueóloga polaca Aleksandra Kubiak‑Schneider ha resuelto un enigma de varios siglos al identificar más de 200 inscripciones dedicadas a un "dios anónimo" en la antigua ciudad de Palmira, Siria, capital del imperio homónimo bajo la reina Zenobia (268‑272 d.C.).
Descubrimiento de las inscripciones
Entre aproximadamente 2 500 textos arameos grabados en elementos arquitectónicos de Palmira, la investigadora encontró unas 200 dedicaciones datadas mayormente en los siglos II y III d.C. Todas comparten expresiones misteriosas como «Aquel cuyo nombre es bendecido para siempre», «Señor del Universo» y «Misericordioso». Estas inscripciones aparecen en altares de piedra destinados a quemar incienso, granos de enebro y a derramar líquidos.

Interpretaciones del dios anónimo
Durante casi un siglo los especialistas intentaron determinar a qué deidad se referían, usando el término genérico «Dios anónimo de Palmira». Kubiak‑Schneider propone que la forma de dirigirse al dios coincide con los himnos mesopotámicos del primer milenio a.C., dirigidos a deidades como Marduk‑Bel, Nabu, Nergal o Hadad.
Según la investigadora, los epítetos no nombran a una sola divinidad, sino que aluden a varias:
- Misericordioso: alude a Bel‑Marduk, cabeza del panteón babilónico, protector contra el caos de Tiamat.
- Señor del Universo: puede referirse tanto a Bel como a Baalshamin, dios de la tormenta e identificado con Zeus.
- Aquel cuyo nombre es bendecido para siempre: expresión universal aplicable a cualquier deidad masculina que atiende las plegarias.
El no mencionar el nombre propio era una señal de respeto; los palmireños conocían perfectamente los nombres de sus dioses, pero evitaban pronunciarlos en ofrendas públicas.

Conclusiones y repercusión
Los patrocinadores de estas dedicatorias provenían de familias élites o acomodadas, incluidas mujeres, esclavos liberados y ciudadanos romanos. El hallazgo demuestra la continuidad de tradiciones prehelénicas en Oriente Medio y su influencia en la formación de las religiones monoteístas actuales (Judaísmo, Cristianismo e Islam). Además, revela la existencia de poesía religiosa ritual que data de casi 2 000 años, aunque no se conservó en otros documentos.
Los resultados fueron publicados en el libro Dédicaces votives sans théonyme de Palmyre. Béni (soit) sont nom pour l’éternité (Brill).
Palmera, metrópolis que mediaba el comercio entre el Imperio Romano y el Lejano Oriente (Persia, China e India), pasó de ser una modesta ciudad caravana a una de las urbes más grandes del Mediterráneo en los siglos I‑II d.C. Sus impresionantes columnas y templos fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980. Desde 1959 hasta el inicio de la guerra civil en 2011, una misión arqueológica polaca estudió el sitio.