Marcas de dientes, raspaduras y quemaduras en huesos humanos descubiertos en la Cueva del Toro (Málaga) demuestran que los primeros agricultores europeos practicaban el canibalismo hace unos 7 000 años.

Calota craneal transformada en recipiente tras ser cortada.
Huesos masticados, calota craneal pulida y hervida… Son algunos de los macabros indicios de comportamiento caníbal hallados recientemente en la Cueva del Toro, en el Torcal de Antequera, cerca de Málaga, sur de España. Se atribuyen a poblaciones agrícolas del Neolítico temprano, que colonizaron Europa hace unos 7 000 años, sucediendo a los grupos nómadas de cazadores‑recolectores.
«Algunas de estas piezas conservan marcas de corte o de percusión, fruto de la extracción de médula, e incluso restos de dientes y mordeduras. Esto evidencia la práctica del canibalismo entre los pueblos prehistóricos de la península ibérica hace más de 6 000 años», explica Jonathan Santana, de la Universidad de Durham (Reino Unido), coautor del artículo publicado en febrero de 2019 en el American Journal of Physical Anthropology. Según el arqueólogo, los restos analizados pertenecen a dos conjuntos diferentes: por un lado, una “copa de calavera” y una mandíbula adulta asociadas a cuatro fragmentos de cerámica; por otro, huesos mezclados con desechos domésticos.
Esta no es la primera vez que se registran estos hallazgos en Europa. Ya se habían descubierto “cortes de calavera” en Cough (Reino Unido), en la cueva de Placard (Charente, Francia), en Maszycka (Polonia) y en el valle del Rin (Alemania). Estas evidencias se atribuyen a grupos magdalenianos (de 15 000 a 10 000 años a.C.).

Mapa que muestra los yacimientos europeos donde se han encontrado secciones de cráneos y pruebas de canibalismo. Crédito: Jonathan Santana / American Journal of Physical Anthropology
Los agricultores neolíticos habrían perpetuado una tradición ya muy antigua. En Herxheim (Alemania), Bruno Boulestin del Laboratorio de Antropología de Poblaciones Pasadas (Universidad de Burdeos) observó en 2003 rastros de despiece en cráneos y tibias, indicando que esta práctica poco estudiada se extendía a numerosos individuos. De este modo, de este a oeste y de norte a sur de Europa, el canibalismo deja de ser una actividad excepcional para mostrarse como una práctica más extendida, tanto entre cazadores‑recolectores como entre agricultores‑pastores.
¿Se trataba de canibalismo agresivo, vinculado a conflictos violentos, o de una costumbre funeraria? En el caso andaluz de la Cueva del Toro, los primeros análisis de ADN sugieren que podrían haberse consumido miembros de la misma familia. La investigación continúa.
Canibalismo es el consumo de individuos de la propia especie. El término se aplica tanto a animales que devoran a congéneres (como las mantis religiosas) como a humanos que comen carne humana. En los humanos distinguimos endocanibalismo, que implica comer a miembros del propio grupo, y exocanibalismo, dirigido a individuos de otros grupos.
Antropofagia designa la forma de canibalismo que afecta exclusivamente a la especie humana.