Descubrimientos arqueológicos

El Valle de las Maravillas alberga la mayor concentración de petroglifos de la Edad del Bronce en Europa

Un tesoro prehistórico en el Mercantour

Ubicado en el Parque Nacional del Mercantour, al sur de Francia, el Valle de las Maravillas (Vallée des Merveilles) es un sitio excepcional para los amantes de la historia y el arte. Allí se encuentran más de 40.500 petroglifos y grabados protohistóricos que datan del Calcolítico y de los inicios de la Edad del Bronce, convirtiéndose en la mayor concentración de este tipo de arte rupestre del continente.

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Distribución y descubrimiento

Los grabados se extienden por siete valles situados a más de 2.000 m de altitud, alrededor del Monte Bégo y del Rocher des Merveilles, mayormente en territorio francés, al norte de Menton, aunque una parte (Vei del Bouc) se encuentra en la zona italiana.

El primer avistamiento científico lo realizó el arqueólogo británico Clarence Bicknell en 1881. Durante dos décadas Bicknell estudió, copió y catalogó los grabados, produciendo más de 10.000 dibujos. Posteriormente, el escultor Carlo Conti los analizó entre 1927 y 1942.

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Estudios sistemáticos

En 1967 el arqueólogo francés Henry de Lumley, junto a sus estudiantes, inició una investigación sistemática que abarcó unos 40 km². La mayor densidad de petroglifos se concentra en las laderas del Monte Bégo, en una zona de aproximadamente 14 km².

Los grabados representan dagas, hachas, hoces, figuras geométricas (soles, estrellas, espirales), óvalos con líneas cruzadas que podrían simbolizar la tierra, animales con cuernos y algunas figuras antropomorfas. Lumley sugiere que fueron realizados por poblaciones mediterráneas de la Edad del Bronce que veneraban al toro, y que el Monte Bégo era para ellos un lugar sagrado.

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Grabados posteriores

En el mismo espacio también aparecen grabados más recientes, conocidos como grabados lineales. El más antiguo es una inscripción latina del siglo I d.C.: HOC QVI SCRIPSIT PATRI MIII FILIVM PIIDICAVIT. Otras figuras antropomorfas en forma de cruz se atribuyen a la Edad Media, y existen representaciones de soldados que podrían datar del siglo XVIII.

Interpretaciones y teorías

Los investigadores coinciden en que los grabados más antiguos están vinculados a creencias y ritos sagrados de las poblaciones agrícolas del Calcolítico y la Edad del Bronce. El Monte Bégo podría haber sido una deidad local, tanto por sus abundantes aguas como por las violentas tormentas que lo rodean.

El motivo más frecuente es el toro, seguido de representaciones geométricas, armas y figuras antropomorfas que han recibido nombres como “El Mago”, “El Jefe de la Tribu” o “El Bailarín”. Entre los símbolos más enigmáticos destaca el Árbol de la Vida.

En los últimos años proliferan teorías de interpretación: algunos académicos, como la investigadora de la Universidad de Niza Chantal Jègues‑Wolkiewiez, proponen que el valle funcionó como un enorme observatorio astronómico, basado en la salida del sol por la constelación de Tauro durante la Edad del Bronce, lo que explicaría el culto al toro en la Liguria neolítica y la leyenda cretense del Minotauro. Otros, como el etnólogo Emmanuel Larrouturou, relacionan los petroglifos con los ciclos lunares.

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Conservación y visita

Actualmente el sitio sigue siendo objeto de estudio por equipos de arqueólogos y estudiantes que, cada verano, inventarian, cartografían, fotografían y digitalizan los grabados bajo la coordinación de universidades, museos e instituciones científicas financiadas por el Ministerio de Cultura francés.

Existe un sendero que atraviesa el valle y se recorre en unas 3‑4 horas. Algunos petroglifos son visibles desde el camino, pero está prohibido abandonar la ruta sin la compañía de un guía oficial.