Los objetos de bronce con pesos estandarizados podrían haber sido una forma primitiva de dinero hace 3.500 años.

Estos lingotes curvos de bronce, conocidos como Spangenbarren, pueden ser los predecesores de la moneda en las economías de la Edad del Bronce, según un estudio reciente.
Las primeras monedas, esas que hoy pesan en nuestros bolsillos, surgieron en el siglo VII a.C. en Asia Menor, cerca de Lidia (actual Turquía). Se fabricaban en electrum, una aleación de oro y plata extraída del río Pactolo, rico en metales preciosos. Antes de esa innovación, la humanidad practicaba el trueque de alimentos y objetos. ¿Cuándo decidieron usar metales pesados como unidad de intercambio? Dos arqueólogos creen haber encontrado la respuesta al identificar la forma más antigua conocida de dinero‑mercancía en Europa, de la Edad del Bronce, hace 3.500 años.
Más de 5.000 objetos comparados
En un artículo publicado el 20 de enero de 2021 en Plos One, Maikel Kuijpers y Catalin N. Popa, del Laboratorio de Prehistoria Europea de la Universidad de Leiden (Países Bajos), compararon 5 028 objetos del Bronce Antiguo (2150‑1700 a.C.). Se centraron en hachas sin filo llamadas «hachas de mango» y en barras de bronce curvadas (Spangenbarren), recuperados de 113 yacimientos del sur de Europa (Alemania, Austria, República Checa, Eslovaquia y Polonia). La mayoría de estos artefactos fueron enterrados deliberadamente en grandes cantidades dentro de fosas.
Hachas de bronce con mango y anillos del Tesoro de Carsdorf, Museo de Historia Natural de Leipzig (Alemania). © MHG Kuijpers/AFP
El peso era crucial para determinar el valor
Los investigadores observaron que, en el 70,3 % de los casos, los objetos tenían un peso muy parecido, alrededor de 195,5 g, lo que los hacía indistinguibles al pesarlos manualmente. No se conocen balanzas de la época, pero los autores concluyen que «el peso era fundamental para fijar el valor de los bienes en la mayoría de las transacciones económicas». Esta uniformidad de forma y masa sugiere que los objetos eran intercambiables y, por tanto, una forma temprana de moneda estandarizada.
El estudio se basó en la ley de Weber‑Fechner, que relaciona la sensación percibida con la intensidad del estímulo. Si dos objetos son suficientemente similares en masa, el ser humano no percibe la diferencia y los trata como idénticos.
Para Laurent Olivier, protohistoriador especializado en la antropología de las sociedades preromanas del Museo Nacional de Arqueología de Saint‑Germain‑en‑Laye, «esta hipótesis de paleo‑dinero se conoce desde principios del siglo 20, pero la novedad del trabajo radica en la incorporación de la neurociencia cognitiva, que muestra que lo que importa es el peso percibido, no el peso real. Admitimos que sabemos muy poco sobre la circulación de bienes en economías no monetarias prehistóricas; este estudio llega en el momento preciso para revitalizar esas preguntas».
La búsqueda de los orígenes de los sistemas monetarios está en auge. La Universidad de Oxford (Reino Unido) anunció recientemente el lanzamiento del proyecto Change, centrado precisamente en este tema.