Con motivo del 500.º aniversario de la caída del Imperio azteca, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer los resultados de varias décadas de excavaciones en Zultépec‑Tecoaque, en el centro de México. Allí, en 1521, el conquistador Hernán Cortés tomó venganza contra los cientos de españoles que habían sido capturados y devorados por sus habitantes ocho meses antes.
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El último ritual de los Acolhua
En una noche de enero o febrero de 1521, los Acolhua de Zultepec, aliados de los aztecas, celebraban un rito en honor a Xiuhtecuhtli, dios del fuego y del tiempo. Sabían que aquella ceremonia probablemente sería la última, pues la venganza española se aproximaba. Un año antes, los Acolhua habían capturado una partida española de la expedición de Pánfilo de Narváez, compuesta por soldados, mujeres y niños europeos, así como cientos de aliados indígenas (tainos, tlaxcaltecas, totonacas, mayas, mestizos, mulatos y zambos). Durante ocho meses, los cautivos fueron ofrecidos a los dioses prehispánicos y, según la evidencia arqueológica, fueron canibalizados.
Descubrimientos arqueológicos
El 18 de enero de 2020, el INAH publicó los resultados de treinta años de trabajo en Zultépec‑Tecoaque, cuyo nombre náhuatl significa “lugar donde los comieron”. Las excavaciones recientes revelaron huesos humanos en pozos profundos, indicios de que los Acolhua intentaron borrar los rastros de sus sacrificios apresurados. También se hallaron restos de trampas y obras defensivas primitivas a lo largo de la carretera principal, aunque resultaron inútiles cuando el capitán Gonzalo de Sandoval, aliado de Cortés, llegó con su expedición punitiva a principios de marzo de 1521.
Destrucción de la ciudad y ejecución de mujeres y niños
Las órdenes de Sandoval fueron claras: “Destruir la ciudad, matar a todo lo que se mueva y castigar a los caníbales”. En ese momento la población de Tecoaque podría haber alcanzado los 5 000 habitantes. Los arqueólogos encontraron, a lo largo de 120 metros de la vía principal, los esqueletos de una docena de mujeres acompañados de los huesos de diez niños de entre cinco y seis años. Las tumbas, situadas de forma que las mujeres “protegen” a los niños, sugieren una huida precipitada seguida de una masacre y entierro rápidos. Los restos presentan marcas de mutilación y de golpes con armas, y se hallaron templos quemados y estatuas decapitadas.
Ofertas consumidas
Entre 1520 y 1521, la violencia en Zultepec‑Tecoaque alcanzó niveles extremos. Los Acolhua sacrificaban a sus prisioneros bajo condiciones de crueldad, removían la carne y consumían los restos; los huesos presentan cortes que indican despiece. Se hallaron cráneos de mujeres españolas colgados junto a los de hombres, y análisis óseos revelaron que algunas de esas mujeres estaban embarazadas. También se encontró el cuerpo de una niña de tres o cuatro años desmembrado junto a una mujer partida por la mitad. Un hombre español fue desmembrado y quemado en una ceremonia vinculada al mito del “Quinto Sol”.
Enrique Martínez Vargas, director arqueológico del sitio, señala que Zultépec‑Tecoaque desempeñó un doble papel en la historia de México: primero como resistencia contra el avance español y sus aliados, y después como punto de partida de la conquista del poderoso Imperio azteca, cuya capital, México‑Tenochtitlan, cayó en 1521, exactamente hace 500 años. La publicación de estos hallazgos sirve, ante todo, para conmemorar ese acontecimiento histórico.