Descubrimientos arqueológicos

QV66: el hipogeo más bello del Valle de las Reinas y tumba de Nefertari

Una visita imposible para muchos

Uno de los mayores desengaños de cualquier viajero que recorre Egipto es no poder entrar al QV66, considerado el rincón más hermoso del Valle de las Reinas. Allí se encuentra la tumba de Nefertari, la esposa favorita del faraón Ramsés II, para quien el propio rey mandó erigir el templo de Hathor en Abu Simbel. Lamentablemente, el hipogeo está cerrado al público, salvo algunas visitas de alto coste que explicaremos más adelante.

¿Cuál Nefertari?

No debe confundirse con otras mujeres del mismo nombre del Nuevo Reino, como la esposa de Tutmosis IV o Ahmose‑Nefertari, hija de Seqenenre‑Taa y madre de Amenhotep I. La Nefertari de la que hablamos llevaba el título Meritenmut, que significa «Amada de Mut». Mut era la diosa madre egipcia, esposa de Amon, mientras que Nefertari se traduce como «Compañera hermosa».

Una reina poderosa

Su influencia rivalizaba solo con la de reinas como Hatshepsut, Tiy, Tausert o Cleopatra. Llegó a negociar el tratado de paz con los hititas después de la batalla de Qadesh, manteniendo correspondencia con Puduhepa, esposa del rey Hattusili III. En el templo de Hathor se inscribe: «Obra perteneciente eternamente a la Gran Esposa Real Nefertari‑Meritenmut, por quien el Sol brilla».

Orígenes y parentescos

Los datos sobre su nacimiento son escasos. Algunos arqueólogos han encontrado en su tumba un cartucho con el nombre de Ay, hija del usurpador Horemheb, lo que sugiere que Nefertari podría haber sido nieta o bisnieta de esta familia del siglo XVIII. Otras hipótesis la sitúan como posible hija de Tandyemy, tal vez descendiente de Horemheb, y proponen que se casó con Seti I, lo que la convertiría en hermana o hermanastra de su propio esposo, Ramsés II, una práctica habitual entre la realeza egipcia.

Vida con Ramsés II

Se calcula que Nefertari tenía unos quince años cuando dio a luz a su primer hijo, Amenherkhepeshef, y que posteriormente tuvo al menos ocho hijos más. Ramsés II, que vivió noventa y tres años, engendró más de ciento cincuenta descendientes con sus numerosas esposas y concubinas.

Fallecimiento

La mayoría de los historiadores sitúan su muerte en el 1255 a.C., cuando tenía entre cuarenta y cincuenta años y Ramsés llevaba veintiséis años en el trono. La pista proviene del templo de Hathor en Abu Simbel, inaugurado en el vigésimo quinto año del reinado, pero sin la presencia de Nefertari; en su lugar estaba su hija Meritamón. Cuando la obra se completó una década después, se añadieron inscripciones que anunciaban la muerte de la reina.

El hipogeo QV66

Ramsés II mandó construir la tumba más grande y decorada del Valle de las Reinas: un hipogeo de 520 m² excavado en la roca, cuyas paredes están cubiertas por frescos que incluso muestran a Nefertari sin la presencia de su esposo, algo poco habitual.

Descubrimiento arqueológico

El sitio fue descubierto en 1904 por el arqueólogo italiano Ernesto Schiaparelli, quien dirigió la sección de antigüedades del Museo Egipcio de Turín. Durante su primera campaña, Schiaparelli investigó unas ochenta tumbas del valle, todas ya saqueadas.

Entre los hallazgos se encuentran ushabtis (estatuillas funerarias), pulseras de oro y un colgante de plata griega en forma de labrys (hacha de doble cabeza) que aparece en uno de los retratos de la reina. No se halló el sarcófago completo, pero se recuperaron unas piernas que coinciden con la edad y la complexión de Nefertari; están conservadas en Turín.

Distribución interior

El acceso comienza por una escalera que desemboca en una antecámara donde se observan los primeros frescos, representando el capítulo 17 del Libro de los Muertos con un cielo estrellado y dioses como Osiris y Anubis flanqueando una puerta.

Una sala central, de noventa metros cuadrados, posee un techo astronómico sostenido por cuatro pilares. En su centro estaba el sarcófago de granito rojo que albergó los restos de la reina. Las paredes están decoradas con los capítulos 144 y 116 del Libro de los Muertos, que narran el viaje al más allá. Tres anexos alojaban el ajuar funerario.

Las pinturas: arte y documentación

Los frescos destacan por su calidad y por un naturalismo poco típico del arte egipcio convencional. En la escena del juego de senet se aprecian arrugas expresivas, rubor en las mejillas y pliegues en el cuello, mostrando a Nefertari como una mujer realista y posiblemente alfabetizada.

Gracias a una conservación relativamente buena, los colores siguen vibrantes, algo raro en Egipto. Sin embargo, la combinación de cloruro de sodio en la roca, hongos, bacterias y la humedad provocada por los visitantes empezó a deteriorar los frescos.

Restauración y acceso restringido

Desde 1934 se intentó frenar el deterioro, pero en 1950 el hipogeo se cerró al público hasta 1977. En 1986 un equipo internacional estudió los frescos y, a partir de 1988, se emprendió una restauración que concluyó en 1992. Tras ello, la visita quedó limitada a 150 personas simultáneas.

En 2006 el acceso se restringió nuevamente, permitiéndose solo a 20 visitantes que pagaban 3.000 USD para financiar conservación y restauración. A finales de 2019 se estableció una tarifa de 1.400 EGP (≈ 74 €) o el Premium Luxor Pass (≈ 180 €) que incluye la entrada. La pandemia de COVID‑19, paradójicamente, redujo la afluencia y ayudó a preservar el sitio.