Descubrimientos arqueológicos

Ratones y humanos: una relación de 15.000 años

Un equipo internacional ha fechado la llegada del ratón a los hogares humanos hace unos 15.000 años. Esta relación biológica, conocida como comensalismo, se originó mucho antes de la invención de la agricultura, demostrando que la actividad humana empezó a modificar los ecosistemas desde muy temprano.

Ratones y humanos: una relación de 15.000 años

Contexto sedentario. Hace 15.000 años, los pueblos de la cultura natufiana habitaban las colinas de la Ribera Occidental. Estos cazadores‑recolectores dependían de cereales silvestres y de la caza. Fue entonces cuando surgieron los primeros asentamientos de casas circulares, cuyas bases los arqueólogos siguen excavando. Ese proceso de sedentarización sentó las bases para la agricultura que aparecería unos 5.000 años después.

En esos yacimientos se hallaron dientes de ratón. “Nos preguntábamos si la llegada del ratón al entorno humano coincidía con la agricultura, que implicaba almacenar grandes cantidades de semillas, o si se remontaba a esos primeros poblados”, explica Thomas Cucchi, investigador del laboratorio de Arqueozoología y Arqueobotánica (CNRS/MNHN). Tras una investigación conjunta entre científicos franceses, israelíes y estadounidenses, que incluyó una visita a tribus masai en África, la respuesta apareció en la revista PNAS: el ratón no esperó a la agricultura para instalarse en la mesa del hombre.

Proporción similar de ratones domésticos y silvestres en el Neolítico y hoy

Los dientes. Cucchi recopiló los restos paleontológicos y arqueológicos de ratones conservados en la Universidad Hebrea de Jerusalén. “Hay cerca de 400 fósiles dentales, con edades entre 200.000 y 10.000 años, provenientes de distintas campañas de excavación que nos permiten seguir la aparición del ratón comensal”. Fotografiando estos dientes de apenas un milímetro, los analizó mediante morfometría geométrica para distinguir dos especies gemelas: Mus musculus domesticus, el ratón de nuestras casas y ciudades, y su pariente silvestre de cola corta, Mus macedonicus. Durante milenios ambas especies coexistieron, pero el examen dental demostró que en los primeros pueblos humanos el ratón urbano desplazó al ratón de campo. “M. musculus domesticus aprovechó el nuevo entorno creado por el hombre, donde la comida era abundante y los depredadores y competidores estaban ausentes”, afirma Cucchi. Así, el ratón adaptó una estrategia ganadora: presente en todos los climas y considerado uno de los mamíferos más invasores del planeta.

Entre 15.000 y 13.000 años atrás la cultura natufiana vivió episodios de retorno parcial al nomadismo; la densidad de los pueblos disminuyó y el ratón silvestre volvió a mezclarse con su primo doméstico, aunque siempre como minoría. “La competencia entre el ratón comensal y las especies silvestres fluctuó según los movimientos humanos durante períodos secos o sedentarios, lo que muestra la fuerte influencia del entorno en la movilidad de las personas y la complejidad de sus relaciones con la fauna vecina”, explica Lior Weissbrod, del Instituto de Arqueología de la Universidad de Haifa, en Science Daily. Sin embargo, M. musculus domesticus permaneció siempre cerca del hombre, lo que sitúa el origen del comensalismo en esa etapa de sedentarización.

Estudio entre los masai. Para confirmar la hipótesis, Weissbrod investigó a pastores seminomádicos masai en Kenia y observó una competencia similar entre dos especies del género Acomys. En hábitats equivalentes, el 80 % de los individuos eran ratones espinosos de cola larga, frente al 20 % de la especie de cola corta, proporciones idénticas a las halladas en los sitios natufianos. “Este resultado muestra la antigüedad del impacto humano sobre el medio ambiente”, concluye Thomas Cucchi. “En cuanto los humanos se volvieron sedentarios y ejercieron presión sostenida sobre el mismo entorno, alteraron el equilibrio de los ecosistemas”.