Descubrimientos arqueológicos

Ataúdes de madera de la Edad del Bronce hallados en Córcega

En una cavidad situada en medio de un acantilado de Haute‑Corse, los arqueólogos han descubierto dos ataúdes de madera perfectamente conservados, con una antigüedad de unos 3 000 años.

Ataúdes de madera de la Edad del Bronce hallados en Córcega

La cavidad, de siete metros de largo y apenas dos de ancho, se abre en la ladera del territorio de Lano, donde la densidad poblacional es de apenas 3 habitantes por km². Desde la base hay que escalar 25 m y, desde la cima, descender 15 m en rappel, lo que la hace casi inaccesible.

El speleólogo Jean‑Claude La Milza y el batólogo Jean‑Yves Courtois, intrigados por el lugar, decidieron explorarla el 1 de marzo de 2015. Allí encontraron huesos humanos y lo que parecía un cofre. Alertaron al Servicio Regional de Arqueología de la DRAC de Córcega. «Al principio fuimos escépticos por la frescura de los huesos», reconoce Franck Léandri, director del departamento, «pero las dataciones por radiocarbono confirmaron que son de la Edad del Bronce».

Tras cuatro campañas de excavación, la instalación de un pasarela y una tirolina, la cavidad ha revelado su contenido: seis individuos (dos niños, un adolescente y tres adultos, cuyo sexo aún no se ha determinado). Los huesos no están calcificados y aún conservan tejidos blandos, incluso cartílago.

Imágenes del hallazgo

  • Ataúdes de madera de la Edad del Bronce hallados en Córcega
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¿Cómo trabajaban los carpinteros de la Edad del Bronce?

Los dos ataúdes están hechos de tablones extraídos del corazón de un tejo que ha mantenido su color anaranjado a lo largo de los milenios. Las piezas están unidas mediante ensamblajes de mortaja y espiga, y la tapa se cierra con clavijas. «Podemos observar claramente las marcas de herramientas, como el serrucho, lo que nos brinda información valiosa sobre las técnicas de la época», explica Léandri. A pesar de varios nudos grandes, la superficie queda notablemente lisa, evidencia de la destreza del artesano.

El segundo objeto es un “monoxilo”, una caja tallada directamente de un tronco y conservada en una sola pieza. También muestra los impactos de una especie de adza y la presencia de una gran clavija que aseguraba la tapa, aunque hoy falta. Ambos artefactos se están analizando en Grenoble, donde se realizan las dataciones por carbono‑14.

Una pieza más en el rompecabezas genético europeo

La excepcional conservación se debe a la geología del sitio: la sepultura descansa sobre un lecho de grava caliza y restos animales, incluidos pellets de rapaces, que protegen los huesos de la agresión química. El agua que circula en la cavidad es poco agresiva y la ventilación constante mantiene una humedad baja y estable durante todo el año.

La “cavidad sepulcral de Leninca”, como se denomina oficialmente, forma parte de un contexto regional y europeo. En el Mediterráneo sólo existe un sitio comparable, en las Islas Baleares, mientras que los paralelos más estrechos se encuentran en tumbas danesas con monoxilos similares. «En la Edad del Bronce ya existían amplias redes de intercambio; por ejemplo, ámbar báltico se ha encontrado en Córcega», señala Léandri.

El análisis del ADN de los seis individuos permitirá reconstruir posibles parentescos y aportar una nueva referencia genética al amplio entramado de asentamientos de la Europa prehistórica.