Caín, Rómulo, Indra… Los mitos fundacionales están poblados de héroes que asesinan. Estos relatos ofrecen claves para comprender la violencia que lleva dentro el ser humano.

En la tradición bíblica, Caín, agricultor, y su hermano Abel, pastor, presentan ofrendas a Dios: frutos de la tierra y el primogénito del ganado. Dios acepta la de Abel y rechaza la de Caín, pero no lo castiga de inmediato. En su ira, Dios le dice a Caín: "Si no haces lo correcto, el pecado está a la puerta y su deseo se dirige a ti, pero tú puedes dominarlo". Es la primera aparición de la palabra «pecado» en la Biblia, distinta del «pecado original». El verdadero pecado, según el filólogo Thomas Römer, es no saber gestionar la violencia.
El verdadero pecado es no saber manejar la violencia
El texto bíblico deja un vacío cuando dice «Caín dijo a su hermano Abel…». Ese vacío sugiere que Caín no sabe comunicarse con su hermano; ante la falta de palabras, actúa: «Y estando en el campo, Caín mató a Abel». Cuando Caín pregunta «¿Soy yo el guardián de mi hermano?», Dios responde: «La voz de la sangre de tu hermano clama a mí». El primer homicidio desencadena una espiral violenta; Dios le marca con una señal para protegerlo, estableciendo la primera ley: «No matarás al que ha matado». Römer interpreta que el asesinato nace de la experiencia de la desigualdad inherente a la vida, y que la regulación de la violencia es esencial para la civilización.
Una tarde lluviosa en Viena, Freud reflexiona
En la década de 1910, Sigmund Freud, intrigado por las similitudes entre los relatos de sus pacientes y los mitos de tribus “salvajes”, formuló la teoría del origen violento de la cultura. Imaginó una horda primitiva dominada por un padre violento que monopolizaba a las mujeres. Los hijos, al unirse, lo asesinan y, para evitar una nueva tiranía, instauran la prohibición del incesto y el totemismo como primer rito religioso y primera ley social.
Del caos de la horda a la familia
El totem, según la psicoanalista Clotilde Leguil, conmemora el asesinato original y establece la exogamia: cada miembro debe buscar pareja fuera de su propio clan. Así, el chivo expiatorio y el mito del primer asesinato se convierten en fundamentos de la moral y la cohesión social.
El chivo expiatorio, sacrificio que une a la comunidad
René Girard, retomando el motivo del asesinato fundante, propone que la violencia mimética genera una crisis que se resuelve mediante la designación de un chivo expiatorio inocente. Su muerte restablece temporalmente la armonía del grupo y origina rituales, religiones y primeras instituciones. Girard ve en la Biblia la revelación de este mecanismo, especialmente en la figura de Cristo como víctima inocente.
Las críticas contemporáneas (Maurice Godelier, Jean‑Loïc Le Quellec, Marylène Patou‑Mathis) señalan que la narrativa de un origen violento es más un mito moderno que una conclusión antropológica. Argumentan que la empatía y el altruismo, más que la violencia, fueron los verdaderos motores de la hominización.
En resumen, desde Caín hasta Freud y Girard, los mitos fundadores nos obligan a confrontar la violencia inherente al ser humano y a reflexionar sobre los mecanismos culturales que la contienen o la transforman.