Dos buceadores aficionados encontraron por casualidad, en el fondo del Mediterráneo, en la bahía de Portitxol (Alicante), un tesoro excepcional compuesto por monedas de oro de finales del Imperio romano. Es uno de los conjuntos más extensos de este tipo jamás hallado.

En una pequeña cavidad frente a la costa de Xàbia, los buceadores recuperaron tres de las 53 monedas de oro que más tarde serían extraídas.
¿Quién no ha soñado con sumergirse en un mar turquesa y observar el reflejo de un tesoro en el fondo? Así fue el 23 de agosto de 2021 para Luis Lens Pardo y César Gimeno Alcalá, cuñados que disfrutaban de unas vacaciones en la bahía de Portitxol. Al alquilar equipo de snorkel para limpiar restos de basura del fondo marino, Luis divisó un tenue brillo dorado. "Era una moneda en un pequeño agujero, como una estrechez de botella", contó al diario El País. Tras limpiarla, ambos notaron que llevaba una imagen antigua, semejante a un rostro greco‑romano. Decidieron volver al punto de partida, ahora equipados con una pequeña herramienta de extracción, y lograron recuperar ocho monedas de la cavidad.
Con la intención de no dañar los objetos por un cambio brusco de ambiente, los buceadores los colocaron en un frasco con agua de mar y avisaron a las autoridades al día siguiente. Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Alicante y del Museo Arqueológico y Etnológico Soler Blasco examinó los hallazgos y confirmó que se trataba de monedas romanas. Con la colaboración de la Brigada Subacuática Especial de la Guardia Civil y el Ayuntamiento de Xàbia, se organizó una nueva inmersión para explorar a fondo el depósito.
No menos de 53 monedas de oro en perfecto estado
En la segunda inmersión, los buzos sacaron al menos 53 monedas de oro que datan entre 364 y 408 d.C., periodo correspondiente al declive del Imperio romano de Occidente. Todas están tan bien conservadas que se identifican fácilmente los emperadores representados: Valentiniano I, Valentiniano II, Teodosio I, Arcadio y Honorio, según informa la Universidad de Alicante. Junto al tesoro se hallaron tres clavos, probablemente de cobre, y los restos corroídos de plomo de lo que pudo haber sido una caja que contenía las riquezas.

El sitio del hallazgo. Créditos: Universidad de Alicante
Jaime Molina Vidal, profesor de Historia antigua de la Universidad de Alicante y líder del equipo que evaluó y recuperó el tesoro, afirma que se trata de una de las colecciones de monedas de oro romanas más grandes conocidas en Europa.
Un escondite de urgencia
Más allá de su valor material, el tesoro es excepcional por lo que revela del convulso periodo histórico en que se depositó: la caída del Imperio romano de Occidente. En 395 d.C. el imperio se dividió en dos mitades, la occidental con Roma como capital y la oriental (bizantina) centrada en Constantinopla. Tras la división, los llamados “bárbaros” —tribus europeas ajenas al imperio— aprovecharon la debilidad política del occidente e invadieron la península Ibérica, ocupada a partir de 409 por suevos, vándalos y alanos.
Al no hallarse restos de un naufragio cerca de la cavidad, los arqueólogos sospechan que el tesoro fue enterrado deliberadamente, "posiblemente para ocultarlo de los bárbaros, quizá de los alanos", sugiere Molina Vidal. Podría haber pertenecido a un terrateniente adinerado, ya que en aquel momento el poder se desplazaba de las ciudades a las villas rurales. "El hallazgo nos habla de un contexto de miedo, de un mundo que estaba llegando a su fin: el del Imperio romano", concluye el investigador.