Descubrimientos arqueológicos

Esta ballena fósil cazaba crías de una especie estrechamente relacionada

El hallazgo de fósiles de cetáceos primitivos juveniles situados bajo los huesos del Basilosaurus isis, un depredador marino de hace 36 millones de años, sugiere que el segundo devoró a sus propios parientes.

Esta ballena fósil cazaba crías de una especie estrechamente relacionada

Los Basilosaurus eran cetáceos carnívoros que poblaron los mares al final del Eoceno, hace unos treinta millones de años (ilustración).

La última comida de un súper‑depredador

En el Wadi al‑Hitan, "el valle de las ballenas" en Egipto, se encontró un ejemplar de Basilosaurus isis de 18 m de longitud con su última comida aún sin digerir: varios Dorudon atrox jóvenes. Este sitio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005, estaba sumergido en aguas poco profundas y albergaba una gran diversidad de fósiles marinos (ballenas, tortugas, cocodrilos, peces, etc.).

El análisis de los fósiles muestra que los Dorudon estaban ubicados en una cavidad que coincide con el estómago del Basilosaurus. Además, los cráneos presentan marcas dentales compatibles con los dientes del depredador y, en varios casos, los huesos estaban rotos por la mordida.

Una hipótesis alternativa –que los Dorudon fueran carroñeros sobre un Basilosaurus ya muerto– fue descartada porque los especímenes eran crías no destetadas, con dientes de leche, incapaces de alimentarse por sí mismas.

Implicaciones ecológicas

El hallazgo confirma que el Basilosaurus isis ocupaba el nivel trófico más alto, alimentándose no solo de grandes peces sino también de jóvenes cetáceos. Su papel ecológico es comparable al de la orca actual, aunque de dos a tres veces menor en tamaño.

Esta ballena fósil cazaba crías de una especie estrechamente relacionada

Dibujo de Dorudon atrox – Créditos: Nobu Tamura – Creative Commons

Cómo se confirmó la depredación

Según Manja Voss, del Museo de Historia Natural de Berlín y coautora del estudio publicado en PLOS ONE, "los fósiles permiten afirmar que el Basilosaurus era su depredador, gracias a la posición dentro del estómago, las marcas de dientes y la fractura de los huesos".

Este descubrimiento aporta una pieza clave para reconstruir la cadena alimentaria del Eoceno y muestra que, hace decenas de millones de años, los mares de Egipto eran un escenario de caza temible para gigantes como el Basilosaurus.