No menos de trece nuevos grabados, entre los que se destaca una posible silueta femenina, fueron descubiertos durante el confinamiento por el propietario de la cueva de Rouffignac, Frédéric Plassard. Todos los hallazgos aún están pendientes de análisis científico.

El primer descubrimiento, un mamut trazado con una pequeña acumulación de arcilla, se hizo a finales de marzo de 2020 por Frédéric Plassard y su esposa, la prehistoria Morgane Dachary.
La cueva de Rouffignac y el contexto del confinamiento
Frédéric Plassard, propietario y guía‑lecturista de la cueva, aprovechó el tiempo libre impuesto por la pandemia para recorrer las galerías de este sitio prehistórico excepcional, que cuenta con más de 8 km de pasadizos y más de 250 representaciones animales, mayormente mamuts. La cueva, que pertenece a la familia desde hace más de noventa años, se hizo conocida a nivel científico el 26 de junio de 2023 cuando el profesor Louis‑René Nougier (Universidad de Toulouse) y el aficionado Romain Robert descubrieron decenas de pinturas y grabados nunca antes identificados.
Durante el confinamiento, Plassard y Dachary se dirigieron a una zona poco frecuentada para retomar un estudio sobre cerámicas de la segunda edad del hierro solicitado por un protohistoriador. Fue allí donde, en una galería aislada, avistaron un dibujo de arcilla que recordaba a un mamut.

Al principio pensó en un graffiti reciente, pero la textura calcárea y las grietas del material indicaron que era una obra antigua. El hallazgo los motivó a regresar al día siguiente.
Un mamut desconocido y ocho nuevos grabados
En los días siguientes, con la ayuda ocasional de su hijo y de su padre, Jean Plassard, el equipo descubrió ocho figuras más, sumando trece en total: varios mamuts, un bisonte, una huella de animal no identificado y una posible representación femenina. Si se confirma la figura femenina, sería la primera de la cueva y la más antigua de su tipo, situada en el Magdaleniano Medio (≈13 500‑12 500 a.C.), una época en la que los dibujos de mujeres aparecen muy escasamente y, por lo general, en grupos.

Una figura femenina que plantea dudas
El trazo femenino está grabado en una galería estrecha (60 cm de altura y 1,20 m de ancho) que solo permite avanzar arrastrándose. La figura está superpuesta a un mamut, lo que dificulta su lectura. Plassard admite que, pese al entusiasmo mediático provocado por la noticia en France Bleu y otros medios, aún no existe publicación académica que confirme la interpretación.
Los expertos también discrepan: Patrick Paillet, del Museo Nacional de Historia Natural, considera plausible la hipótesis, mientras que Jean Plassard muestra escepticismo. La comunidad científica esperará la publicación del estudio para debatir el hallazgo.
“El arte rupestre de Rouffignac es extenso y se ha investigado sistemáticamente desde los años 50. Siempre creímos haberlo visto todo; ahora sabemos que nos equivocábamos”, concluye la familia Plassard.