Con la captura de Kabul el 15 de agosto de 2021, la comunidad internacional también se preocupa por el futuro del patrimonio histórico y arqueológico de Afganistán. Los peligros más acuciantes para los sitios y objetos arqueológicos son su abandono y el riesgo de saqueo.

En Afganistán se concentran milenios de historia reflejados en sitios griegos, budistas e islámicos, un legado que sustenta tanto nuestras raíces occidentales como las orientales. Desde la caída de Kabul en manos de los talibanes, la comunidad internacional teme las posibles repercusiones sobre este valioso patrimonio.
Por ahora, no hay destrucción intencional
En 2001 los talibanes detonaron los Budas de Bamiyán. Desde entonces, el grupo islámico parece haber modificado su política y, en febrero pasado, pidió a sus seguidores que vigilen y protejan el patrimonio afgano. Según Philippe Marquis, director de la Delegación Arqueológica Francesa en Afganistán, “no ha habido destrucción, daño o saqueo intencional” (entrevista en La Recherche).
Este año la delegación realizó una excavación en la ciudadela de Kabul, pero la situación obligó a su equipo a regresar a Francia; el asistente de Marquis, último miembro del grupo que permanecía en el país, fue repatriado el 18 de agosto. Marquis asegura que, desde el 15 de agosto, los talibanes vigilan el Museo Nacional de Kabul para prevenir robos y deterioro. Sin embargo, él advierte: “Temo una radicalización que pueda repercutir en el patrimonio”.
Riesgos de saqueo y degradación
El arqueólogo considera que el verdadero peligro radica en el saqueo y en la degradación humana y natural derivada del descuido de los sitios. “Podemos contar con la ayuda de las comunidades locales”, señala Marquis. Por ejemplo, habitantes de pueblos cercanos se comprometieron a vigilar el sitio budista de Mes Aynak.
Para combatir el tráfico ilícito, la delegación está creando una red de vigilancia que rastrea la venta de artefactos tanto en el terreno, mediante informantes, como en internet, en colaboración con la Oficina Central de Lucha contra el Tráfico de Bienes Culturales y la Interpol. Marquis se muestra optimista: cree que el diálogo con los talibanes es posible, aunque el reto sea político, pues “habrá que decidir si queremos trabajar con los talibanes o con el régimen que se establezca”.
Por Samantha Dizier