El lunes 9 de agosto de 2021 el Gobierno boliviano llevó a cabo una ceremonia para renombrar una momia del siglo XV como "Saphi", que significa "raíces" en aymara. Hasta entonces la figura era conocida como "Ñusta", "princesa" en quechua.

En 1890 un viajero estadounidense descubrió la momia de una niña en la zona sur de La Paz y la envió a los Estados Unidos, donde quedó en el Museo de la Universidad de Michigan durante casi 130 años. En 2019 la momia fue repatriada a Bolivia y, dos años después, recibió su nuevo nombre.
Origen y contexto arqueológico
La niña, de aproximadamente ocho años, vivió a principios del siglo XV y pertenecía al territorio de los Pacajes, un señorío aymara que se extendía desde el lago Titicaca hasta Oruro. Sus restos fueron hallados en una chullpa, una torre funeraria típica de las culturas preincaicas.
Las chullpas servían como mausoleos para caciques y sus familias. El estilo de los peinados trenzados de la niña sugiere que pertenecía a la nobleza local, como señala el arqueólogo Patrice Lecoq, especialista en la arqueología andina.
Características de la momia
En el interior de la chullpa el cuerpo se encontraba en posición fetal, envuelto en varias capas de ropa y rodeado de ofrendas: hojas de coca, chicha, joyas y cerámica. Estos objetos permiten a los investigadores determinar la cultura de origen y la fecha de fallecimiento sin dañar la momia.
Los análisis de dientes y cabello podrían aportar información sobre la dieta y la causa de muerte, aunque la sacralidad del hallazgo y el saqueo previo de muchas chullpas hacen inciertos algunos de estos estudios en el caso de Saphi.
Una ceremonia con trasfondo político
El ritual, realizado según la tradición aymara, incluyó un altar de madera con ofrendas a la Pachamama: fetos de llama, hojas de coca, incienso y chicha. El acto fue conducido por sacerdotes aymaras con tocados blancos de cuatro puntas, símbolo de la civilización Tiwanaku, y las palabras se pronunciaron en aymara.
La ceremonia coincidió con el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y fue organizada por el presidente Luis Arce, heredero del Movimiento al Socialismo (MAS). Renombrar a la niña con un nombre aymara que significa "raíces" refuerza el discurso del MAS sobre la identidad plurinacional y la resistencia indígena frente a la herencia incaica.