En 1947, un hallazgo que despertó la imaginación del mundo ocurrió en las cuevas de la zona de Khirbet Qumrán, a orillas del Mar Muerto. Beduinos de la tribu Ta'amireh encontraron antiguos manuscritos guardados en grandes ánforas de cerámica; entre ellos estaban lo que hoy conocemos como el Gran Rollo de Isaías, la Regla de la Comunidad y el Comentario de Habacuque.

Meses después se desenterraron cuatro pergaminos más: un segundo Rollo de Isaías, las Reglas de la Guerra, los Himnos y el Apócrifo del Génesis. En total, los arqueólogos llegaron a poseer cerca de 25 000 fragmentos que, gracias a técnicas de ADN de las pieles de los pergaminos, se están reconstruyendo como si se cosieran piezas de un gran rompecabezas.
Expediciones y contexto histórico
Dos años después, en medio del primer conflicto árabe‑israelí tras la creación del Estado de Israel, investigadores del Departamento de Antigüedades de Jordania, del Museo Arqueológico de Palestina y de la Escuela Bíblica de Jerusalén se enteraron del hallazgo. Una fotografía publicada en una revista estadounidense llamó su atención y, recordando los testimonios de Orígenes y Eusebio de Cesarea sobre manuscritos encontrados en cuevas cercanas a Jericó, organizaron expediciones en un terreno sin carreteras que dificultaba el acceso a Qumrán.
Entre 1949 y 1956, los arqueólogos localizaron once cuevas en los escarpados acantilados de la ribera occidental del Mar Muerto, territorio jordano, que albergaban más de 900 manuscritos bíblicos y miles de fragmentos. Estos documentos, datados entre el siglo III a.C. y el I d.C., pasaron a estar bajo la custodia del Estado de Israel y se conservan principalmente en el Santuario del Libro (Heykhal ha‑Séfèr) en Jerusalén.
Los rollos y los profetas menores
Hasta estos descubrimientos, los estudiosos sólo conocían textos rabínicos medievales y la Septuaginta, traducción griega de la Biblia hebrea. Los Rollos del Mar Muerto ofrecieron, por primera vez, textos religiosos originales escritos en hebreo por comunidades judías, permitiendo acceder a la auténtica tradición textual de hace más de dos mil años.
Además de los manuscritos canónicos, se hallaron textos apócrifos que no fueron incorporados al canon hebreo. En 2020, una cueva del reservorio natural de Nahal Hever, cerca de Hebrón, reveló fragmentos vinculados a los doce profetas menores, marcando el primer descubrimiento de fragmentos bíblicos en seis décadas.