Descubrimientos arqueológicos

El origen de Pelayo y la batalla de Covadonga

El origen de Pelayo y la batalla de Covadonga

Tras la caída del Imperio romano el territorio peninsular se fragmentó en pequeños centros de poder, lo que provocó una escasez de fuentes escritas. Sobre el primer rey de Asturias, Pelayo, no conservamos documentos fiables que relaten sus orígenes ni su vida temprana; a diferencia de Arturo, nadie cantó sus hazañas.

Aunque la información es escasa, podemos intentar esclarecer su figura mediante las fuentes árabes y cristianas que, pese a sus sesgos ideológicos, aportan datos útiles siempre que se lean con la cautela necesaria. En el caso de la crónica de Alfonso III, por ejemplo, el relato persigue la legitimación de la monarquía asturiana, intentando vincularla con la antigua realeza visigoda a través de Pelayo, una hipótesis que resulta poco probable, como veremos.

Contexto sociopolítico de la Asturias del siglo VIII

Los especialistas coinciden en que, tras el colapso romano, surgieron poderes locales que consolidaron su dominio sobre valles y regiones aisladas. En Asturias persistió una sociedad tribal o gentil, vestigio de la población pre‑romana que no fue totalmente suprimida por la conquista. Esta visión, defendida hoy por autores como Fernández Conde y Chris Wickham, permite imaginar que Pelayo lideró a esa comunidad tribal en la batalla de Covadonga, una entidad capaz de organizar su territorio y aliarse con otros caudillos locales ante amenazas mayores.

Un antecedente interesante es la crónica visigoda que menciona, en el año 680, la expedición del rey Wamba a Asturias para sofocar una rebelión. Los últimos descubrimientos arqueológicos en la zona de La Boya y el Homón de Faro (ruta de la Carisa, entrada a Asturias desde la meseta) revelan fortificaciones defensivas anteriores a Covadonga. La ubicación de estos muros, junto con la campaña de Wamba, sugiere la existencia de un poder local, celoso de su libertad y con recursos suficientes para movilizar una defensa en altitudes superiores a los 1500 m.

Si aceptamos la presencia de una sociedad gentil con alta independencia política durante la época visigoda, resulta más sencillo comprender la posterior revuelta contra los musulmanes y descartar que su líder fuera un extranjero o de origen visigodo.

¿Un origen visigodo?

El propio nombre «Pelayo» es de raíz latina, no germánica. La crónica de Alfonso III intenta presentar al monarca asturiano como descendiente de la línea visigoda, pero resulta improbable que un noble visigodo de alto rango utilizara un antropónimo latino. Los redactores de la crónica buscaban, evidentemente, legitimar la corona de Oviedo vinculándola con la de Toledo, usando a Pelayo como eje simbólico.

Incluso autores islámicos como Ibn Khaldún niegan una procedencia gótica para el héroe de Covadonga.

En la actualidad, la gran mayoría de historiadores coinciden con la tesis de que la hipótesis de un origen visigodo es “bastante remota”, como afirma Eduardo Manzano.

¿Pelayo, un noble asturiano?

Al descartar un origen visigodo y poco probable un origen islámico, la hipótesis más razonable es que Pelayo fuera un personaje autóctono. Las crónicas asturianas son escasas y lacónicas, pero entre los documentos no crónicos destaca la voluntad de Alfonso III, en la que se dona la iglesia de Santa María de Tiñana, heredada supuestamente de su antepasado, el gran‑padre de Pelayo. Este dato confirma que Pelayo poseía tierras y propiedades en el corazón de Asturias, lo que indica su pertenencia a la élite de la sociedad tribal mencionada.

Según la crónica rotense, Pelayo se hallaba en Brece (actual municipio de Piloña) cuando recibió la noticia de la persecución musulmana. Cruzó el río Piloña y se refugió en el monte Auseva, donde los astures lo eligieron como líder y allí se enfrentó a las tropas islámicas. Su elección como princeps revela que los distintos caudillos locales cedieron autoridad a una figura de reconocido prestigio, y que existían vínculos entre las comunidades del centro y del este de Asturias, como lo demuestra la posterior transferencia de la sede a Pravia.

Mínguez explica que Pelayo fue elegido como princeps, no en sentido romano o visigodo, sino como quien dirigía las operaciones militares. Tras la victoria de Covadonga, Pelayo mantuvo su supremacía sobre sus pares y fundó una dinastía, probablemente gracias al prestigio adquirido en combate.

La columna musulmana que persiguió a los insurgentes se retiró sin intentar reconectar con la guarnición de Gijón bajo el mando de Munuza, optando por dirigirse hacia la Liébana, zona que ofrecía mayor seguridad. Según crónicas visigodas, esa zona había quedado despoblada tras las campañas de Leovigildo, lo que facilitó la retirada. Los relatos asturianos confirman que Alfonso I se dedicó a repoblar Primorias y Liébana.

La columna no salió ilesa: una avalancha (localmente llamada argayo) la enterró. Munuza, al enterarse del desastre, intentó escapar por el puerto de La Mesa siguiendo el valle del Trubia, pero fue interceptado en Olalíes, donde encontró la muerte. El episodio de Olalíes muestra una Asturias en guerra, con operaciones que se extendían desde Onís en el este hasta Proaza en el centro, y confirma que Pelayo organizó la respuesta en ese frente.

Bibliografía

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  • Arrau‑Dihigo, L. Historia política del Reino de Asturias (718–910). Gijón, 1985.
  • Barber, A.; Vigil Pascual, M. La formación del feudalismo en la Península Ibérica. Barcelona, 1978.
  • Isla Frez, A. La crónica de Alfonso III y el Reino de Asturias. Oviedo, 2019.
  • Manzano, E. Historias de España. Época medieval. Barcelona, 2015.
  • Ruiz de la Peña, J. I. La monarquía asturiana. Oviedo, 2001.
  • V.V.A.A. Crónicas de los reinos de Asturias y León. León, 1985.
  • V.V.A.A. El reino de Hispania (siglos VIII‑XII). Madrid, 2019.
  • Wickham, C. A New History of the High Middle Ages: Europe and the Mediterranean World 400‑800. Barcelona, 2016.

Notas

[1] García Noriega, https://www.nodulo.org/ec/2006/n053p13.htm

[2] F. J. Fernández Conde, Poderes sociales y políticos en Asturias. Siglos VIII‑X. Sociedad, territorio y poder.

[3] Chris Wickham, A New History of the High Middle Ages: Europe and the Mediterranean World 400‑800, p. 339.

[4] E. Manzano, Historias de España. Época medieval, p. 109.

[5] J. I. Ruiz de la Peña, La monarquía asturiana.

[6] Aunque se emplea la expresión “monarca asturiano” o “rey de Asturias” para referirse a Pelayo, dichos términos son estrictamente apropiados a partir del reinado de Alfonso II.

[7] J. M. Mínguez, El reino de Hispania, p. 155.

Este artículo forma parte del II Concurso Deserta Ferro de Microensayo y Microrelato en la categoría microensayo. La documentación, veracidad y originalidad del artículo son responsabilidad exclusiva de su autor.